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martes, 20 de septiembre de 2011

Una desinteresada simpatía universal

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Es mentira que debamos renunciar al estado del bienestar. Lo que tenéis que hacer es identificar la ideología del que os lo quiera explicar. No hay ideologías (se nos viene recordando). Pero señores: ¡Ése es precisamente el mal por el que nos encontramos donde nos encontramos! Y si es verdad que no hay ideologías —la ideología de la no-ideología—, al menos sí que existe un malestar creciente.



Los males del mundo creo que todos los conocemos y las soluciones tampoco son tan difíciles. Hasta que no encontremos un nuevo planeta donde seguir nuestra desenfrenada huida hacia delante, más nos valdría emprender una humilde tarea de introspección. La política contemporánea debería centrarse en detener el desarrollo material y prever cómo se podrían distribuir las pérdidas que sin duda se producirán en abundancia cuando paremos la máquina diabólica...

Porque el loable sueño de nadar en la abundancia se ha convertido en una detestable pesadilla de excrementos, y el amor a la vida en un gigantesco charco de sangre y savia derramadas. Porque más valioso que el frío diamante es la cálida gota de lluvia, más que el estéril metal dorado, la fecundidad de la abeja y la flor, y más que los intereses del capital... una desinteresada simpatía universal.


Víctor Manuel - Quiero abrazarte tanto - 1970

viernes, 8 de julio de 2011

viernes, 17 de junio de 2011

Los indignados pierden los papeles

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Los del movimiento 15-M están indignados y ahora además han roto su promesa de la no violencia. El excelentísimo alcalde de Madrid, Don Alberto Ruiz-Gallardón, fue brutalmente agredido mientras sacaba a su perro por la noche. Pensaréis: estará ingresado de gravedad en algún hospital. Pues no, no se trata de lesiones físicas sino psicológicas, igual que aquellas que recibieron los parlamentarios catalanes impedidos de poder llegar a su trabajo apaciblemente como se merecen tan respetables representantes populares.



"El president" ha advertido que se hará uso de la fuerza para contraatacar tamañas agresiones, y puesto que recientemente ha habido intervenciones suficientemente fuertes por parte de los mossos d'esquadra, esas palabras podría suponer una escalada en la voluntad de reprimir a los violentos. ¿Sacar el ejército a las calles, quizás? Es lo que se merecerían esta pandilla de pulgosos, extremistas, y peligrosamente próximos a la kale borroka y la lucha armada. Para que luego se diga que los políticos ganan mucho o que disfrutan de excesivos privilegios a la hora de su retiro o condiciones de trabajo. Como auténticos “James Bonds” estos sacrificados mártires de la democracia han debido entrar "al parlament" algunos en helicóptero otros escoltados, y las agresiones físicas y verbales les dejarán no pocas secuelas traumáticas… deberían aumentarse el sueldo y rebajarse las horas de esta actividad convertida hoy en algo tan peligroso.

Y ahora para rebajar la tensión de estos momentos tan álgidos de la política española, un documento estremecedor proveniente del lejano oriente

Japan sea monster

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una época negra

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James Dean at Times Square (Dennis Stock, 1955).

Era un día frío y desapacible, sentía las articulaciones rígidas y el corazón helado, el mundo estaba en crisis y sus convicciones se tambaleaban. La economía le había obligado a darse de baja de ciertas prestaciones que le generaban unos gastos que ahora no podía permitirse, pero eso no era lo importante. Vivía en un país desarrollado, aquí nadie se moriría de hambre ni habría guerras, aunque sobre su territorio sobrevolaran los restos del naufragio inmobiliario y la quiebra financiera, así como el tránsito de esos ciudadanos secuestrados y llevados a sitios oscuros para ser torturados en nombre de la seguridad. Le dolía el mundo y todo le parecía gris y deleznable. Los grandes machos tribales estaban actuando sin compasión porque, qué compasión se puede sentir por los más débiles, tan numerosos, extraños y a veces incluso enemigos declarados. La cuerda se había tensado y los de siempre ya estaban pagando las consecuencias. Todo estaba muy claro, excepto el cielo, que traía esos nubarrones tan negros.