Si bien es cierto que físicamente el universo no tiene un centro definido (o conocido), también es cierto que para cada uno de nosotros ese centro lo somos nosotros mismos.
En esta canción, toda su letra se reduce a lo siguiente:
Es hora de dar las buenas noches
Buenas noches, que duermas bien
Ahora el sol apaga su luz
Buenas noches, que duermas bien
Que tengas dulces sueños por mí
Que tengas dulces sueños para ti
Cierra los ojos y yo cerraré los míos
Buenas noches, que duermas bien
Ahora la luna empieza a brillar
Buenas noches, que duermas bien
Que tengas dulces sueños por mí
Que tengas dulces sueños para ti
Cierra los ojos y yo cerraré los míos
Buenas noches, que duermas bien
Ahora el sol apaga su luz
Buenas noches, que duermas bien
Que tengas dulces sueños por mí
Que tengas dulces sueños para ti
Buenas noches, buenas noches a todos
A todos, en todas partes
Buenas noches
Good Night es la última canción del álbum The Beatles (también conocido como The White Album) de 1968. Es cantada en su totalidad por Ringo Starr. La música es proporcionada por una orquesta arreglada y dirigida por George Martin. (Wikipedia)
Quizás lo hayáis comprendido como yo, o quizás no: Nosotros somos el centro, pero parece que además de nosotros hay otro centro, lo que a mi modo de ver queda expresado en la canción, en que se desea "que tengas buenos sueños por mí y para ti".
Jung lo llamaría el Sí-mismo.
El sí-mismo es una magnitud antepuesta al «yo consciente». Comprende no sólo la «psique consciente», sino también lo «inconsciente», y por ello es, por así decirlo, una personalidad que «también» somos... No existe posibilidad alguna de alcanzar una «consciencia» aproximativa del sí-mismo, pues por más que queramos hacerlo consciente siempre existirá una cantidad indeterminada e indeterminable de «inconsciente» que pertenece a la totalidad del sí-mismo.
El sí-mismo es no sólo el «centro», sino también aquel ámbito que encierra la «consciencia» y lo «inconsciente»; es el centro de esta «totalidad» como el «yo» es «el centro de la consciencia».
El sí-mismo es también «la meta de la vida», pues es la expresión más completa de la combinación del destino que se llama individuo. (Wikipedia)
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Ya que estamos aquí, ¿por qué tener prisa en morir? Sí, sí... ya sé que a veces la vida puede ser detestable... incluso peor que la nada. Pero si todavía nos queda un poco de energía, ¿por qué no emplearla en algo positivo? La tristeza no tiene fin… la felicidad sí, dice la canción. Pero eso no es más que una sutileza poética, un sofisticado modo de hacernos comprender lo inmensamente feliz que llegó a ser quien lo escribió.
La vida… vivir la vida… es aprovechar el primer impulso e intentar que no se detenga. Creer en algo, luchar por ello, estar atentos, ser cuidadosos, hacer las cosas bien…
Siempre he tenido la impresión de que la vida de cada persona es como una pequeña gran obra de arte, con sus claroscuros —vidas suaves y placenteras o duras y apasionadas—, y con una determinada estructura temporal (igual que ocurre con la narrativa), con un planteamiento, un nudo y un desenlace. Y como en todo buen relato, con un principio alentador, una zona media donde se desarrollarán los problemas y un intrigante final desconocido. Nuestra civilización también ha tenido su discurrir y su impulso la ha estado guiando por caminos jamás transitados. Ahora estamos en crisis, y es el momento de los problemas y los malabarismos, pero también de fijarnos en el camino recorrido y el que nos queda por recorrer, y preguntarnos ¿qué queremos realmente?, analizar lo que hemos estado haciendo y lo que debemos cambiar. Mi mensaje pues, consiste en que tanto colectiva como individualmente, nuestra vida merece la pena, sobre todo porque no tenemos otra, y que siempre será mejor una existencia llena de contenido que el vacío y lo inanimado.
Y por último, no olvidaros que ¡estamos en temporada de manzanas y mandarinas, puerros y espárragos trigueros!
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Pocas cosas se generan tan claramente en el inconsciente como lo hace el enamoramiento. Hay algo en ese encuentro entre dos personas que hace que bajemos todas nuestras prevenciones y censuras para con nosotros mismos y para con el otro. Actúa como una droga, nos entontece, nos inflama de bondad y belleza, la vida cobra verdadero sentido, las percepciones sensoriales se agudizan, todo es dulzura y felicidad. La elección del compañero se hace instintiva e irreflexivamente, se decide de la misma manera que aquello merece la pena de ser vivido, y se produce la magia.
Seguramente se originará una revolución hormonal y determinadas partes cerebrales se activarán en una desenfrenada e inusual actividad —es la trampa biológica del amor que persigue promover el establecimiento de los vínculos emocionales necesarios para formar la pareja sexual—.
Todavía no hay pasión ni sufrimiento sino simple bobería, es la felicidad de la inconsciencia. Pero es un flujo torrencial de sensaciones maravillosas que modificarán radicalmente nuestra posición y visión del mundo. De pronto, todas las cosas de la vida pierden importancia, salvo las que conciernen a ese amor, y nos disponemos a sacrificarlo todo por y para que ese estado de cosas no acabe nunca. Hay quien opina que eso no es amor, y yo, que es su síntesis más veraz. Pero una vez que uno ha burlado o fracasado en el intento de establecer una pareja sexual (ese es mi caso), no por ello deja de ambicionar el reencuentro con ese estado de gracia. Y de la misma manera que el enamorado, sigo creyendo, que nada merece más la pena que situarse en esa disposición mental, que es una forma sublime de enfrentar la realidad, y que se puede perseguir con mayor o menor éxito, pero que a todos nos está esperando a la vuelta de la esquina. Para ello es necesario volver a enamorarse (no necesariamente a través de una pareja sexual, ya que el espíritu acepta otras variables), estar dispuestos a sacrificarlo todo, y aún tropezando mil veces, no desobedecer el imperativo que ese amor demandará del sentido de nuestras acciones, ya que esa es la obligación ineludible del contrato amoroso.
Imagen: Ninfeas (Claude Monet, 1897-1899) Galería Nacional de Arte Moderno en Roma.
Video 1: Love Story, dirigida por Arthur Hiller en 1970.
Video 2: La quimera del oro (The Gold Rush) dirigida por Charles Chaplin en 1925.
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El amor, esa palabra tan manida, se puede referir a un sinfin de tipos: el amor a uno mismo, el paterno-filial, el de la pasión por alguna actividad personal, el místico, etc. Yo me referiré al amor sexual; aquel que siendo puro, trascendente y eterno, necesita de un compañero sentimental; de la presencia física de otro cuerpo.
Porque igual que el pintor necesita lienzo y pintura, el fotógrafo cámara fotográfica y película, y el poeta lápiz y papel; este tipo de amor, el amor de pareja, necesita del ser amado; y de la misma forma que ocurre con el artista, el amante, sin su soporte físico, no puede realizar la obra.
El arte como el amor, siguen teniendo cosas en común: Ambos necesitan de una técnica. Pero también son creación e inspiración, de tal forma que no sólo basta una técnica propicia, sino que se ha de tener algo que comunicar. Así, podemos ver pinturas, fotografías, o poemas perfectamente ejecutados, y sin embargo, carentes del más mínimo interés artístico. Por ejemplo, la copia de una obra ajena a nosotros mismos: Si con mi técnica soy capaz de reproducir a la perfección, pongamos por caso, el cuadro de La Gioconda; podríamos decir que estaría perfectamente ejecutado, pero también estaría claro que su valor artístico sería nulo. Con esto quiero decir, que no se debe confundir la simple técnica sexual con la autenticidad del acto amoroso.
Pero no se os habrá escapado el hecho de que con esta interpretación, se consideraría al otro como un mero instrumento y no el objeto propio del amor. El acto amoroso es entonces, en este aspecto, bien distinto que la actividad artística, en el sentido de ser algo que ocurre entre dos. Los amantes —recíprocamente— como dos mitades que persiguen la necesidad de volver a ser uno; son el motivo y la obra, la entrega y el acogimiento, la búsqueda y el descubrimiento.
Dicen que el número cuatro representa la unidad, y puede que así sea, porque en el acto amoroso hay cuatro acciones, yo que voy a ti, tu que vienes a mí, yo que te recibo, y tú que me recibes.
Yo estoy en ti y en mí dentro de ti, y tú estás en mí y en ti dentro de mí.
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En este video, partido en cuatro, se nos revela un personaje próximo por su humanidad, pero excepcional en cuanto a su forma de estar en el mundo. A sus casi 80 años, todo él es lucidez y sabiduría. Que lo disfrutéis, que os encante y que os seduzca tanto como lo ha hecho conmigo.
I) ..."También he robado plátanos a la luz de la luna".
II) Todos los miércoles tarot, café Le Téméraire, París.
III) La vejez es una maravilla.
IV) La muerte y la egoteca.
Como hemos visto, Jodorowsky es un comedor de plátanos bajo la luz de la luna, un ciudadano de extranja, un buscador de verdades, un mago altruista, y un pequeño ególatra con un gato. Si queréis, podéis repasar algunas de sus frases, para mí, más brillantes.
I
Tenemos una lista enorme de todas las categorías que usted representa y se las leo porque son tantas: actor, mimo, junto por ejemplo a Marcel Marceau, psicólogo, cineasta, guitarrista, guionista de comics, poeta, bailarín, dramaturgo, fundador del movimiento teatral Pánico, novelista… — “También he robado plátanos a la luz de la luna.”
“… cuando uno empieza a escribir poesía, entra profundamente en el silencio del universo que lo habita a uno mismo”
“… uno aprende a saber lo que sabe, y aceptar lo que no sabe, porque tanto usted como yo sólo conocemos una parte de la vida, somos fragmentos.”
“… me hablas desde un punto de vista donde ya no estoy, porque yo no estoy en París, yo estoy en el mundo, y no sólo estoy en el mundo, estoy en la galaxia. (…) Yo encuentro que uno de los grandes problemas actuales, es que uno tenga nacionalidad. Primero tener nombre, uno no es perro: ¡Alejandro! (miro para allá), no soy perro, no tengo nacionalidad, no tengo sexo; si estoy frente a una mujer, ahí aparece, si no, no. No hablo en nombre del hombre, hablo en nombre del ser, entonces no tengo edad. ¿Entiendes tú? He tratado de encontrar la libertad mental hasta donde he podido. — ¿Y hasta dónde llegaste? — A hacer una maravillosa entrevista contigo llegué. Le preguntan a Rama Krishna, el más grande místico de la india, si usted lanza una piedra hacia el infinito, hasta dónde llega, y él dijo: llega a mi mano. Todo lo que hice en mi vida fue para sentarme aquí y que habláramos juntos.”
“… hasta que encontré el tarot de Marsella, que es el esencial, y lo empecé a memorizar, a memorizar, y se convirtió en mi maestro, en las cartas mismas, porque son un misterio de la humanidad, tienen el mismo valor que un catedral gótica, esta hecho, yo no se por qué está hecho, pero es sobrehumano."
II
Todos los miércoles a partir de las cinco, Jodorowsky lee el tarot gratuitamente en el café Le Téméraire de París.
“Yo estoy cinco horas sentado y sólo le puedo leer a treinta, más no puedo. (…) Gratuitamente lo leo, es un contrato conmigo mismo, hasta el fin de mi vida lo voy a hacer. (…) Estoy desarrollando la comunicación con las personas. (…) Con los años (ya llevo más de treinta años haciendo todos los miércoles eso), veo a la persona, desde que se sienta frente a mí ya la veo, ya sé lo que tiene. (…) si la persona llega con dolor yo siento su dolor, ya sé lo que hacer, trato de ver su familia, de dónde viene, su nivel cultural, su nivel económico, su nivel sexual, si está siendo amada o no, la miro, y qué enfermedad tiene: veo. Entonces después, la trato de tal manera que la persona no se defiende, se confía en mí porque yo en el corazón eliminé la crítica, no hay crítica, nadie me es antipático, nadie me es feo, es una persona, es un ser.”
“Así con el tarot, psicológicamente, pude comunicarme con el ser humano, y después aprendí a dar: Lo que doy, me lo doy, y lo que no doy, me lo quito, eso es lo que pienso, y no quiero nada para mí que no sea para los otros”
“Lo que haces en un punto, si lo que haces es útil, repercute en todo el mundo. Un maestro zen me dijo: cuando se abre una flor, es primavera en todo el mundo, ¡cómo me gustó!”
“Yo cuando era niño fui al circo (…) le oí un chiste que me cambió la vida. Llega un payaso con otro y le dice: — Usted es extranjero. — Sí, soy extranjero. — ¿Y de dónde es? — De extraja. Yo me sentí extranjero de extranja, soy extranjero de extranja, y estoy en el mundo como extranjero, estoy en el mundo sin ser del mundo, pero quiero al mundo, ¿no es cierto?, entonces si puedo plantar una planta la planto.”
“¡Pero si es maravilloso fracasar! La única frase de mi padre que fue sabia, la única es: de fracaso en fracaso aprendí a triunfar, porque aprendí a fracasar. El más grande triunfo es aprender a fracasar, en resumen, aprender a morir. El intelectual tiene que aprender a morir, si uno no aprende a morir, ha fracasado.
III
“La vejez es una maravilla, yo me voy observando a mí mismo. Yo vivo fijando la atención en el proceso vital, tanto de mi cuerpo, como de mi sexualidad, de mi emocionalidad, y de mi mente; y no existe la vejez como que tú vas perdiendo células y te pones lo que se dice en Francia un vieillard gaga, un viejo gagá; no existe, porque si tú te identificas a tus pensamientos, ahí te anquilosas, te metes en una jaula mental y envejeces, mentalmente. Es decir, mi fuerza mental no es mis pensamientos. Buda dijo: Verdad es lo que es útil en un momento dado, en un lugar dado, y por alguien dado: eso es la verdad. Entonces todo eso puede cambiar, en la medida en que yo voy cambiando, que el mundo alrededor mío va cambiando, mis verdades van cambiando. Yo me la quito como camisa y me pongo otra.”
“El hombre es humanidad, no es hombre. Entonces hay un destino humano y es ahí de donde vienen los egoísmos. Pero hay el destino de la humanidad. Somos humanidad, entonces, mientras no nos situemos en ser humanidad, estamos en el egoísmo y la destrucción y la auto destrucción. Yo como humanidad ¡quiero conocer todo el universo, quiero vivir tanto como vive el universo y quiero llegar a ser la consciencia del universo!”
IV
“Corporalmente todo el mundo le tiene, si no es un hipócrita, miedo a la muerte. Es decir, mi cuerpo para sobrevivir tiene que luchar por la salud y por vivir. Mi espíritu acepta, me puedo morir ahora en este mismo instante, ya sé que desaparezco, he aceptado la nada. Pero no mi cuerpo. Si tú me amenazas con un cuchillo salto hasta el techo, me escapo o me defiendo, saco un revólver, hago algo, me defiendo. Pero si yo digo voy a morir, me toca morir: voy a morir sonriendo, tranquilo, en cualquier rincón. ¿Que van a hacer de mi cuerpo? no me importa. ¡Que me coman los perros! me da igual, me da igual.”
“Yo empecé mi carrera literaria a los sesenta años. (…) Yo quería no hacer una literatura como de ombligo, de hablar de mis males, de mi individualidad, sino yo quiero hacer un arte para sanar. Yo dije: algo que sirva, que una persona deprimida lea mi libro y salga contenta”
“Yo no soy Kafka, antes estaba acomplejado por Kafka, Dostoyevski, los grandes escritores, el boom latinoamericano… puedo decir que hago mis necesidades en eso. Se trata de que tú seas útil. Antes, el mundo, la gente no se daba cuenta, era inconsciente, entonces los artistas destruían el mundo; pero ahora el mundo está destruido, ahora, la gran revolución es ser optimista. Cuando tú eres optimista eres un escandaloso…”
“Por ejemplo: El evangelio para sanar. Tomo el evangelio que ha estado tan mal interpretado, que hay miles, millones de muertes de mala interpretación: que la Virgen María es una pobre jovencita virgen. Entonces yo hice El evangelio para sanar, porque ahí empieza, en las religiones empieza una enfermedad común. Las viejas religiones: cuando echamos a patadas a la diosa madre y pusimos al dios padre, este viejo cruel y tremendo. Entonces, hay que volver a interpretar.”
“Desde La Biblia hay humor, ¡desde La Biblia! El Génesis tiene mucho humor, llega Dios y dice (Adán se ha escondido), y dice: — ¿Dónde estás? Es cómico porque él lo sabe todo. Entonces le hace un chiste, está jugando con Adán, es muy chistoso.”
Los que tropezaron en sus vidas, o los que nacieron en sitios y tiempos difíciles. Los que sobreviven valientemente, o los que se dejaron llevar por la desesperanza. Los que están bailando en este momento con la más fea. Me acuerdo de ellos, y exclamo que este es en un mundo salvaje. Pero mejor que mis palabras, son la potentísima letra de este tangazo y la magnífica imagen de mi querido y agridulce Chaplin. Yo sólo quería recordar a los parias; a los olvidados. Y me remuerde estar aquí, cómodamente, escribiendo sobre ellos.