jueves, 8 de diciembre de 2011

Mi ánimo

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No soy doctor ni profesor ni capitán. No he formado una familia ni tengo un círculo de amistades. No he cultivado disciplinadamente mi intelecto ni mi cuerpo. Para los más jóvenes ya soy un viejo y el tabaquismo está acabando con la firmeza de mis dientes.

Foto: Pterocephalus porphyranthus

Aunque siempre me ha preocupado el mundo, nunca emprendí iniciativa alguna... bueno sí, quizás el yoga y la psicología. He intentado comprender, ser bueno y sanar todo lo que hay de malo en mí y en él. Mi búsqueda de la felicidad ha consistido en mirar las cosas por el rabillo del ojo, y no con demasiada frecuencia pues las ocupaciones, los malentendidos y la dispersión han sido el grueso de todo ese tiempo transcurrido.

Pero a pesar de todo he madurado, ya no me engaño ni me engañan —es un decir— y sé lo que quiero. Quiero que mi mundo sea un mundo austero, sin excesivas cosas de las que tener que ocuparme: sin suelos para barrer, cristales para limpiar, cosas a las que quitar el polvo o proteger; sin demasiadas comodidades pero con la enorme dicha de no tener que estar abocado a contratos, obligaciones, ataduras... Solo tomar prestado lo imprescindible y mientras me sea posible. Y no voy a reclamar lo que me deben: esas constantes aportaciones dinerarias que se suponía me aportarían un retiro apacible. Voy a entregar lo mejor de mí mismo sin pedir nada a cambio.

Anoche tuve un sueño en el que sumergía la cabeza en una masa vegetal que, como un enorme bouquet de flores silvestres, suspendía en el aire. Y supe así, que la vida —mi mundo—, aún me depararía algunos momentos de felicidad como éste y quién sabe, quizás... el desenlace de una plenitud definitiva.