jueves, 24 de junio de 2010

Contra el dolor del mundo (cuento místico-erótico)

x
Juntaron sus bocas húmedas y comenzaron a encenderse, él la abrazaba dulcemente, ella buscaba el tacto de sus genitales, los encontró y los removió con suavidad, luego, se separó deslizándose hacia abajo, ahora estaba frente a su masculinidad, la observaba y la manipulaba con delicadeza. Esa anatomía de su amado la atraía con una fuerza misteriosa. Él la observaba con los ojos cerrados. Ella comenzó a tener una ensoñación. Veía una granada de pulpa muy roja, luego, un elefante engalanado, luego, un pájaro amarillo, luego, las cuentas de un collar… las imágenes se sucedían, el universo entero era diversidad de formas y colores, y allí estaba ella, junto al atributo de su amante. Luego, la ensoñación se diluyó, entonces maniobró para situarse encima de él, sujetó el miembro con una mano, y se sentó contra su cuerpo, mientras el falo se abría camino dentro de su vagina. Repitió ese movimiento cinco, seis, siete veces, y se detuvo. Él permanecía acostado, pasivo. Ella sentada encima, ahora inmóvil. Se cogieron de las manos y reposaron… más luego, comenzaron a danzar, a abrazarse, a besarse, a formar figuras imposibles… se agitaban, se detenían, se calmaban, y volvían a girar… el amor lo inundaba todo… dejaron de ser dos… dejaron siquiera de ser cuerpos… ya no había imágenes del mundo… ya no había luz… ni oscuridad.

miércoles, 23 de junio de 2010

10.- La política

X
El Raro (así se llamaba la reunión anual de los comunes, y aludía a que durante ese día los comunes dejaban de ser corrientes para intentar ser algo más) fue todo un acontecimiento. Marco descubrió que tenía dotes políticas, ya que al presentar su proyecto, consiguió que sus ideas y su plan fueran aceptados por todas las partes. A los sumisos, les persuadió del concepto tan pacífico que lo inspiraba, a los conciliadores, les demostró la gran oportunidad que representaba, y a los guerreros, les prometió sangre y venganza si la iniciativa no triunfaba. Por unanimidad, fue designado como primer embajador de los comunes y director del proyecto.

A finales del verano, el plan se puso en marcha. Casi como una repetición exacta de lo que les había pasado a Marco y Helena, un desconocido era conducido por un hombre vestido de azul frente a un inmortal vestido de negro.
- Aquí está el intruso.
- Si, si, gracias. ¿Cómo te llamas?
- Mi nombre no importa, vengo a solicitar atención para los hombres de allá abajo.
- Vaya, vaya...
- Yo tenía un problema que me habéis resuelto, y os lo agradezco, quizás tienes curiosidad por conocer mis circunstancias, pero realmente estoy aquí con la misión de que te dirijas a uno de los nuestros, que quiere parlamentar.
- ¿Parlamentar?
- Hemos aprobado una resolución, y nuestro embajador está ahora mismo junto a alguien que tenéis bajo vuestro control, y queremos que te dirijas a él.
- ¿Cómo se llama vuestro embajador?
- Marco
- Un bonito nombre.
Se hizo el silencio. El hombre que vestía de negro, sentado sobre la hierba de su jardín, se ensimismó, y permaneció así durante un espacio de tiempo que parecía interminable.
Por fin, apareció nuevamente el hombre vestido de azul.
- Puedes retirarte, vuestro embajador va a ser recibido.
El desconocido asintió, se levantó y siguió al hombre que ya se marchaba.
- Señor. Interrumpió el servidor nuevamente y al cabo de un rato - Aquí está Marco.
El inmortal alzó su mirada y el hombre de azul se retiró.
- Un bonito nombre.
- Gracias. Dijo Marco.
Se hizo un silencio prolongado, y por fin:
- Yo soy Sing... ¡Y no me gustan tus amenazas!
Marco sentía que el inmortal leía su pensamiento, así que no dijo nada.
- Deberías estar con Helena en vez de jugar a querer ser alguien... Pero quién soy yo para decir nada.
Marco seguía callado ya que pensó que sería la mejor defensa que podía hacer de su causa.
- Hoy estoy aburrido, así que voy a cambiaros el estatuto... A Helena ya no la verás más, ha vuelto a su mundo, y estoy haciendo más. Desde este momento, La Tierra queda proscrita para los humanos. ¡Que salgan todos de sus guaridas! Un nuevo mundo para un nuevo hogar. Queríais libertad y aventura... pues ya la tenéis. Un planeta lejano y estéril.... Os ayudaré al principio, lo que hagáis luego con él solo os incumbirá a vosotros... Un planeta grande y hermoso, sí... Tiene dos lunas, un año de 500 días y un gran océano. Os gustará. Y yo me divertiré... Adiós Marco, el de nombre bonito.

Fin

Epílogo: Tras comunicar los resultados de su embajada, Marco fallecía poco tiempo después, envenenado por una facción de sumisos. Helena vivió tiempos difíciles pero feliz de volver a estar en su mundo, se casó, e inesperadamente se curó de su esterilidad y tuvo varios hijos. Los comunes, emprendieron la ocupación de su nuevo mundo, y ocurrió al contrario que en otras ocasiones de la historia, ya que esta vez en lugar de dedicarse al saqueo, tuvieron que trabajar duro para crearlo todo, pues ese mundo estaba vacío y sin vida. Sing, se divirtió mucho, y estaba tan satisfecho que pensó que cómo era posible que no se le hubiera ocurrido antes la idea, y se quedaba como tonto contemplando su Tierra querida y ahora libre de humanos.

martes, 22 de junio de 2010

9.- La nueva vida

x
Marco y Helena estaban admirados y felices de haber encontrado a iguales. Gente con la que se podía hablar y entenderse. Aprendieron muchas cosas, que sus nuevos amigos les enseñaban, y además sintieron una gran alivio al saberse libres del condicionamiento de los inmortales. Éstos últimos, según las creencias, pues nadie lo sabía con exactitud, eran una casta de apenas unas decenas de superhombres. Su tecnología era tan avanzada, que habían vencido a la misma muerte. No vivían en la tierra, quizás en satélites o incluso en otros planetas, y su empeño era la preservación de la naturaleza. Por otro lado estaban los comunes, venidos en su mayoría del pasado, y que debían ocultarse para no ser condicionados. Supieron, que el incendio que se había producido el día del encuentro, había sido fortuito, pero huían porque sabían de la inminente intervención de los inmortales.

La pareja de recién llegados había sido invitada a permanecer en la tribu, éstos habían aceptado y así fueron pasando los días. Marco pasaba todo el tiempo que podía en la biblioteca, incansablemente leía todo lo que allí se disponía, participaba en los consejos, y era muy apreciado por todos. Helena sin embargo languidecía. No había superado la perdida de su embarazo, añadido al conocimiento que tuvo luego de que en su último encuentro con los inmortales, éstos no se habían contentado con provocar el aborto, sino que además la habían esterilizado, y por último y no menos importante, añoraba la vida que Marco le había robado. Marco por su lado, sabía que la estaba perdiendo, pero se veía impotente y se sentía culpable: ¿cómo devolverle lo que le había quitado? Por eso quizás se enfrascaba más y más en su empeño por conocer todos los detalles de la situación, de la historia reciente, pero también del debate sobre qué camino debería seguir la humanidad. El estado general de las ideologías, oscilaban entre el miedo, el odio, y la necesidad de sobrevivir. Era muy difícil aceptar que unos seres poderosos e inmisericordes controlaran y contuvieran la natural tendencia humana de libertad. Desde esa perspectiva, habían surgido tres tendencias diferenciadas; los que abogaban por la guerra, los que lo hacían por la paz y la sumisión, y los conciliadores. Marco se identificaba con éstos últimos. Idea ésta que ganaba adeptos, y que buscaba comunicarse de alguna forma con los inmortales para pedir negociaciones, que se estableciera un diálogo, pedir información sobre los asuntos de las altas esferas, nombrar embajadores que representaran los intereses de ambas partes y regularan los derechos y las prohibiciones... Hasta ahora, la única forma de pedir audiencia, había sido la de sabotear a la naturaleza, y efectivamente, los inmortales aparecían, pero aniquilaban a los saboteadores o no les hacían el menor caso. Marco recordó cómo ellos sí habían recibido audiencia, se informó de que en el pasado había habido varios precedentes de idénticas actuaciones, y que todas ellas tenían un patrón común: el saboteador que había conseguido audiencia, necesitaba ayuda (por eso actuó así), y sobre todo era un desconocido (despertaba cierta curiosidad). Así que empezó a fraguar un plan, que presentaría en el consejo de consejos, reunión de representantes de decenas de tribus venidas desde todos los lugares circunscritos a una vasta área de territorio, y que se convocaba una vez al año, durante el día del solsticio de verano.

10.- La política

lunes, 21 de junio de 2010

8.- Los comunes

x
El invierno pasó, las nieves comenzaban a derretirse. Algunas canas asomaron al rostro de Marco. Helena no volvió a sonreír. Ni siquiera una magnífica y radiante primavera conseguía hacerlos más felices. La pequeña patria de los parajes cercanos, ya no les satisfacían, y decidieron emprender un viaje indeterminado hacia el horizonte. Caminar... alejarse... Sólo la sensación de huir les haría sentirse bien.

Pasaban los días y se sucedían los paisajes a medida que avanzaban hacia ninguna parte. Un día, bajando la ladera de una imponente montaña, vieron humo. A lo lejos se había declarado un incendio, se detuvieron a contemplarlo, y esperaron expectantes, con la sensación de que algo iba a ocurrir. Por el valle, en una vasta pradera divisaron animales huyendo... ¿o eran hombres?... ¡Eran hombres! ¡Había al menos diez!
- ¡Corramos! Dijo Marco. Y bajaron a toda prisa. Los hombres se dirigían a un pequeño montículo rocoso, llegaron allí, y desaparecieron. - ¡Deprisa, deprisa! – ¡No puedo ir más deprisa! Marco y Helena llegaron a las rocas, unas cuantas hierbas pisoteadas les indicaron el camino y hallaron la entrada a una cueva. Con cierta cautela penetraron en ella y llegando a una gran galería se encontraron frente a frente con los hombres. Se miraron incrédulamente. Eran una docena, todos varones de distintas edades, pero de gran parecido. En sus miradas se veía el asombro. Todos estaban agitados por la carrera y tras recobrarse un poco el de mayor edad se dirigió a ellos.
- ¿Quiénes sois?
- Somos dos vagabundos, dijo Marco.
- ¿Y la... mujer?
- Se llama Helena, yo soy Marco, y hemos llegado aquí desde el pasado... En el año 2040 nos hibernamos y despertamos aquí. No sabíamos que había más gente. Sois los primeros hombres que vemos. ¿Vosotros provocasteis el incendio?
- ¿Porqué te interesa ese asunto?
- ¿Quiénes sois vosotros? Replicó Marco.
Un joven de entre los demás dijo:
- Déjalos en paz Hugo, creo en lo que dicen. Nosotros somos como vosotros, gente del pasado. Huimos de la época del genocidio, y ahora procuramos que no nos maten.
- ¿Quién os quiere matar? Dijo Helena.
Entonces cesaron los murmullos, y se hizo un gran silencio.
- Los inmortales. Dijo el joven.
-¿Inmortales?
El joven iba a contestar a Helena, pero Hugo lo hizo callar.
- Está bien, os creeré. Yo soy Hugo, el joven indiscreto es mi hijo Leonardo. Somos gente corriente. Llegamos aquí hace ya tres décadas, y hemos aprendido cosas que os vendrá bien saber. Entonces se adelantó, y acercándose a ellos les miro las pupilas.
- ¡Juan! Hay que limpiarlos. Estáis condicionados. Si no os limpiamos pronto, nos localizarán.
Marco y Helena no entendían, pero se produjo gran inquietud entre los demás.
- Venid no temáis, dijo Juan. Es sólo un momento y ya no tendréis que preocuparos por vuestra intimidad.
Juan les invitó a seguirlo por un pasadizo, Marco y Helena asintieron. Juan les explicó que el condicionante era una especie de hipnosis que realizaban los inmortales para tenerlos controlados, y que si no se limpiaba, éstos sabrían todo en cuanto a ellos, que gracias a esa hipnosis conseguían conectarse al hipnotizado de tal forma que era como si estuvieran dentro de sus cuerpos. Mientras oían las explicaciones y se adentraban por los pasadizos, comprendieron que la rústica cueva que les pareció en un principio, realmente era una pequeña ciudad horadada en las entrañas de la tierra.
Habían llegado a una habitación que era una especie de laboratorio lleno de frascos y cajas perfectamente ordenados y etiquetados.
- Ellos saben de nuestra existencia, pero nos toleran, si quisieran nos encontrarían y nos aniquilarían, pero seguramente tienen cosas más importantes que hacer. La población de los comunes debe rondar unas decenas de miles en toda la tierra, y mientras su número no aumente, ellos lo aceptan. Cuentan los más antiguos, que en tiempos no muy lejanos, hubo una gran masacre debido a que había demasiados comunes. Pero ahora parece ser que la población se ha estabilizado en una cifra que a ellos les parece apropiada. Dijo Juan, mientras preparaba un mejunje con hierbas y aceites.
- Y ahora, beberos esto. Os provocará nauseas y mareos, quizás vomitéis y tengáis diarrea, luego sentiréis ganas de dormir, y cuando os despertéis, notareis que la sensación de privacidad ha vuelto, y eso querrá decir que el condicionamiento a sido neutralizado.
Tras beberse la pócima, fueron conducidos a una nueva estancia: una bonita habitación llena de manuscritos, con una zona acolchada donde podrían reposar, un aseo y buena luz para la lectura.

9.- La nueva vida

viernes, 18 de junio de 2010

7.- El abatimiento

x
- ¿Estás bien Marco?
Marco asintió.
- ¿Qué significa todo esto?
- No lo sé, pero tengo la impresión de que no les gustamos. Somos intrusos. Nos devuelven a la naturaleza. Tenemos que respetar las normas. La vida puede ser bella, pero no podemos ser hombres... ¡Nos quieren como unos animalillos más en su parque natural!
- ¿Y porqué?
- Porque ellos pertenecen a otra casta, son los elegidos, los tecnócratas que cuidan del planeta, y las normas son preservarlo. Y las normas son que no puede haber nuevos hombres. Y nosotros humanos venidos del pasado, no tenemos sitio entre ellos.
- ¿Entonces, estamos condenados a vagar por estos parajes como sus animalillos?
- Ésa es mi impresión. Esta gente maneja tecnologías desconocidas para nosotros. Nos indujeron en sueños la información que queríamos saber. Ahora saben que existimos y no me extrañaría que a partir de ahora sigan todos nuestros pasos. Me siento observado.
- Sí, me ocurre lo mismo.
- Si hiciéramos cualquier cosa que no figure en las normas, estoy seguro que volveríamos a tener noticias de ellos, y creo que seríamos castigados o ¡quién sabe! ¿Aniquilados?

El invierno hizo acto de presencia. La belleza de la nítida luz, y un aire límpido y frío, les hacía olvidar por momentos a los otros, aquellos seres humanos como ellos, pero del futuro, aquellos que los repudiaron y que invisiblemente los observaban. Pero las cosas prácticas de la supervivencia no les dejaban tiempo para filosofías. Por otra parte, Marco y Helena habían vuelto a ser amantes, y quizás fuera eso lo que los mantenía, lo que llenaba sus vidas y lo único emocionante en este nuevo y extraño mundo que les había tocado vivir. Hubiera sido preferible que la humanidad entera hubiera desaparecido, a saberse minusvalorado por unos congéneres que los marginaban y controlaban. Porque así, esta vida solitaria en medio de la naturaleza no era natural.

Un día, Marco estaba cortando leña y se despertó acurrucado y muerto de frío a los pies de un pino. Le pareció extraño, pero cuando al levantar la vista vio la expresión de Helena que le miraba a cierta distancia, supo que algo había pasado. Helena se hecho a llorar, Marco se sobresaltó y acudió a consolarla y averiguar qué había pasado.
- ¡Me ha bajado la regla! Dijo llorando. ¡Estaba esperando un hijo nuestro! ¡Y ahora me está bajando la regla!
A Marco le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, e intuyó inmediatamente lo que había ocurrido: ¡Los otros! ¡Los otros habían impuesto sus normas! ¡No se permitía la descendencia! Marco sintió que la poca entereza que todavía le quedaba se desvanecía.
- ¡Malditos sean! ¡Malditos sean! Exclamo lleno de rabia.
Ambos se abrazaron y lloraron largo tiempo... La intuición de que eran vigilados estrechamente se revelaba ahora en toda su magnitud y crudeza.

8.- Los comunes

jueves, 17 de junio de 2010

6.- Los otros

x
Por un momento Marco y Helena se lamentaron de aquella forma de pedir ayuda. El pequeño bosquecillo estaba en llamas. Les había costado mucho iniciarlo, pues la leña estaba húmeda, pero ahora las llamas se extendían por doquier, amenazando incluso su seguridad.
- Espero que sean verdad todas nuestras suposiciones y acudan rápido. Dijo Helena algo nerviosa. – ¡Los vamos a dejar sin Parque!
- No te preocupes, ¡ya están aquí!... Dijo Marco, cuando sintió una fuerte punzada en las sienes y cayó al suelo.

Helena abrió los ojos y miró a su alrededor. Por un momento pensó que el rapto y sus aventuras en el futuro habían sido un sueño, pero tanteándose con la lengua las muelas del juicio, notó unas cavidades que antes no estaban allí. Estaba en una habitación completamente blanca iluminada por una luz intensa que parecía no provenir de ninguna parte. A su lado, en otra cama estaba Marco.
- Marco. ¿Estás despierto?
- Sí. Dijo Marco desperezándose... ¿Dónde estamos?
- Creo que acudieron a la llamada y nos rescataron.
- ¡Ah, sí! El incendio... y luego aquel ruido... Yo tenía razón. Dijo Marco con satisfacción, mientras se levantaba.
- ¡Y me han quitado las muelas del juicio!
- ¿De verdad? Déjame ver... ¡Que maravilla! ...Sin duda han hecho un buen trabajo.
En ese momento apareció de algún sitio un hombre bastante alto completamente vestido de azul.
- Síganme por favor. Les inquirió suavemente, y se dio media vuelta.
Marco y Helena se apresuraron a seguirle, pues aquél hombre ya se alejaba entre la neblina de aquella luz cegadora. Al cabo de un instante, la luz se fue haciendo más tenue, y se dieron cuenta que estaban atravesando un jardín. El jardín se fue haciendo más y más tupido, hasta que por fin llegaron a una pradera. En el centro, había un hombre sentado sobre la hierba, con la cabeza gacha. El hombre de azul los condujo hasta él y se detuvo.
- Aquí están los intrusos. Dijo suavemente... se hizo el silencio, mientras el hombre que estaba sentado, levantaba la cabeza y los miraba inexpresivamente. Éste último, a diferencia del otro, era mucho más pequeño y parecía más frágil, iba vestido con una larga túnica negra y su mirada parecía extraviada. El hombre de azul les indicó que se sentaran, y tras comprobar que ambos lo hacían, se alejó.
- Perdonad por lo de “intrusos”... es una palabra técnica... ¿Cómo os llamáis?...
Se hizo un breve silencio. El hombre pareció salir de su ensoñación y ahora los miraba fijamente.
- Yo soy Helena, y él es Marco...
- ¡Ah! ¡Que nombres tan bonitos! Dijo con una amplia sonrisa. Marco, que estaba muy tenso se relajó inmediatamente, pero le pareció que aquel hombre, que había pasado tan rápidamente de un estado anímico a otro, lo había hecho de una manera poco natural.
- Yo soy... Bueno... Podéis llamarme Sing... Y vivo aquí en mi jardín... Dijo el hombre, volviendo a caer en una especie de apatía. Pero inmediatamente inquirió. - Y vosotros: De que año venís. Y volvió a clavarles la mirada.
- Somos de 2040. Titubeó Marco.
- ¿Es que somos técnicamente intrusos? Dijo Helena.
- ¡Ya lo creo! ...¿Pero cómo podíais saberlo? ...En vuestra época... Todo era tan distinto... ¡Años atrás se os castigaría con la muerte! ...Pero hoy seréis perdonados...
- ¿Qué ha sido de las ciudades y las gentes? ¡Hemos recorrido cientos de kilómetros y no hemos encontrado a nadie! Marco volvía a sentirse tenso. Aquel hombre no le gustaba.
- Hoy somos muy pocos... ¡El Planeta se ha recobrado! ...En vuestra época... La Humanidad era una plaga...
- ¿Cuántos son muy pocos? Inquirió Helena.
- ...No puedo responder a esa pregunta... ¡Si vais a vivir! ¡Tendréis que seguir unas normas! ...La vida puede ser muy hermosa...
- ¿Qué ocurrió durante todos éstos años? ¿Hubo guerras? ¿Plagas? ¿Qué tipo de catástrofes? ¿Porqué sois tan pocos?... Marco se precipitaba. Sospechaba que algo malo ocurría, y que Sing o como se llamara, les ocultaba la verdad.
- Si... Si... Hubo de todo eso... ¡Pero qué importa ahora! Vosotros quisisteis escapar de aquella época... ¿No? Queríais cambiar el mundo pero no podíais... ¿No? ¡Pues el mundo ha cambiado! Y ahora lo que importan son las nuevas reglas...
- ¿Como cuáles? Preguntó Helena.
- Se os va a devolver la libertad. Viviréis en un paraíso. ¡Pero no podréis ser Hombres! Entonces, Sing bajó la cabeza y se quedó en ése estado de ensimismamiento en el que lo habían encontrado.
Marco y Helena estaban atónitos. Se miraron incrédulamente. Miraban a Sing y se volvían a mirar. Entonces reapareció el hombre de azul. Les indicó que lo siguieran y los devolvió a la habitación. Una vez allí, el hombre se despidió con un ademán y los dejó solos nuevamente. Una fuerte e incontenible somnolencia hizo que se durmieran prontamente...

Una historia sangrienta: Durante el tiempo transcurrido, la humanidad había pasado por toda clase de calamidades, los peores augurios se habían materializado: el cambio climático anegó los litorales, la guerra contaminó la tierra, la diversidad biológica se redujo drásticamente... Sólo una cosa buena ocurrió: la humanidad casi se extinguió. Un grupúsculo de humanos tomó el control de ese mundo que ya era pura anarquía. Al principio funcionaron como una sociedad secreta, con el único objetivo de salvaguardar al planeta. Fue la época del genocidio. Estos hombres, estaban convencidos de que sólo la desaparición física del causante de tanta ignominia restablecería el equilibrio perdido. Así ocurrió que las gentes fueron masacradas enérgicamente, unas veces se las asesinó con acciones violentas directas, otras con envenenamientos masivos. Esta política duró algún tiempo y cuando las grandes masas humanas hubieron desparecido, la inercia condujo a una nueva guerra, esta vez entre las distintas facciones existentes dentro de esta sociedad secreta de exterminadores. Por fin el número de personas fue tan bajo, que la violencia se detuvo. La amenaza del hombre ya no era la cuestión, había llegado el momento de detener la destrucción, había llegado el momento de la reconstrucción. Manos a la obra, una nueva civilización de tecnócratas emprendía las labores necesarias para sanear la huella dejada por la otra civilización ya extinguida: la civilización de la barbarie.

...Quizás fueron drogados, y de alguna manera, durante el sueño, inducidos a recordar lo que le había acontecido a la humanidad, porque se encontraban nuevamente en el sitio en que habían sido rescatados, Helena sin sus muelas del juicio, y ambos con un vago conocimiento de cual era su situación y la del mundo.

7.- El abatimiento

miércoles, 16 de junio de 2010

5.- La expedición

x
Viajaron de noche y sin contratiempos. Al amanecer del segundo día y como estaba previsto, llegaron a una colina desde la cual se divisaba el emplazamiento donde se suponía debía estar la ciudad: ¡Pero allí no había nada! Y una gran inquietud hizo presa en sus corazones. ¿Cómo se explicaba eso? ¿La humanidad había realmente desaparecido? ¿Por qué no encontraban el menor rastro del pasado? Bajaron la colina y examinaron el paraje. Pero no encontraron nada. Todo era perfectamente natural: un arroyo de aguas cristalinas corría valle abajo, la vegetación cubría las márgenes de su cauce, los pájaros trinaban por doquier, mientras los árboles amarillentos habían formado una alfombra mullida con sus hojas recién caídas. El sol ya se elevaba en el firmamento cuando se detuvieron a descansar y reflexionar sobre el inesperado desencuentro.
- ¿Estamos solos en La Tierra? Preguntó Helena.
- Es pronto para afirmarlo... No puedo imaginar qué le ha ocurrido a esta ciudad. Pero el hecho de que no hayamos encontrado ningún vestigio, me hace suponer que ha sido obra de un designio humano. ¡Quizá estemos ante el primer rastro dejado por nuestros congéneres!
- Y ahora, ¿cómo debemos actuar?
- Bueno... Si queremos averiguar la verdad, debemos seguir explorando... Deberíamos buscar otras ciudades. Saber si el destino de las demás ha sido el mismo. Por ahora seguimos dentro de los límites del antiguo Parque Natural. Quizás fuera de aquí las cosas sean distintas.

El otoño tocaba a su fin, y la nieve blanqueaba ya las cimas de las montañas.
Marco y Helena se habían habituado a la soledad, al amor que se profesaban y a una naturaleza en todo su esplendor. El refugio que los había traído a éste mundo misterioso, había quedado atrás, y el recuerdo de un pasado que ahora parecía remoto, comenzaba a desdibujarse. Los días transcurrían apacible y melancólicamente, cuando algo cambió radicalmente la situación: Helena enfermó. Al principio no pareció nada grave, Marco hizo todo lo posible para sobrellevar aquella complicación, pero pronto se dio cuenta de que necesitarían auxilio. A Helena le estaban saliendo las muelas del juicio, y era necesaria una intervención quirúrgica.
- ¿Voy a morir de unas estúpidas muelas del juicio? ¡No es gracioso!
Marco se quedó callado.
- A no ser que sepas extraérmelas... No tiene que ser tan difícil...
- Llegado el momento lo podría intentar. Pero es mejor pedir ayuda.
Helena se echo a reír – Sí... ¡Podemos pedir ayuda a las ardillas! Pero creo que están todas ocupadas preparándose para el invierno. Se burló.
- Creo que no estamos solos... Hay algo que no encaja, es imposible que sólo el tiempo haya borrado ciudades enteras, quinientos años no son suficientes... Pienso que esto es obra de la civilización que buscamos.
- Y si fuera así ¿Qué?
- Creo que nuestros amigos han convertido toda el área que hemos recorrido en un inmenso parque natural... incluso es posible que todo el planeta sea un gran parque natural. Esta naturaleza tan inmaculada me parece artificial. Alguien se tomó la molestia de limpiar el campo de ciudades, fabricas, residuos... Si no me equivoco, si le ocurriese algo al parque, acudirían a sofocarlo...
- ... ¡Un incendio!
- Sí.

6.- Los otros

lunes, 14 de junio de 2010

Una revolución en el horizonte

x
¿No tenéis la sensación de que estamos ante el fin de un ciclo? Incluso más: ¿De estar al borde de una catástrofe o una revolución? Yo sí que la tengo. Pienso que esta pequeña crisis de desajuste financiero que estamos atravesando, no es más que el preludio de algo mucho mayor. No hace falta ser un profeta, para ver encendidas todas las luces rojas que advierten del peligro. Por eso, espero y deseo que seamos capaces de producir un cambio tal, que reconduzca nuestros pasos y volvamos a encontrar el camino. ¡Y no estoy hablando de un cambio cualquiera! Recapitulando, y desde una perspectiva histórica, la actividad humana de los últimos 10.000 años nos enseña que no estamos ante un animal cualquiera. Más alejados en el tiempo el hombre no se diferencia demasiado de sus hermanos los animales, pero con la llegada del Neolítico se produce la gran revolución de la humanidad. Una revolución que trasciende al mismo ser humano, que representa una culminación de la evolución de la materia, y que supone el despertar de un “sueño eterno” y el comienzo de una naturaleza que se observa a sí misma. (En otro sitio, con el título: “Del Big Bang al Neolítico”, trato de dibujar un cuadro de esa evolución de la materia). Se podría decir pues, que el hombre es el último juguete de la evolución, el último grito de la especialización biológica. Pero como ocurre con nuestros aparatos domésticos, por la velocidad de los avances tecnológicos, también “nosotros” estamos quedando obsoletos. Hay algo en el ser humano que está mal diseñado. Está dotado de una herramienta poderosísima: el pensamiento y la acumulación del saber a través de la cultura, pero la enorme ventaja que eso supuso sobre el resto de los seres vivos, no está desembocando en un desenlace feliz. ¿Seremos un intento fallido? ¿Colapsará la humanidad sobre sí misma como una hermosa supernova? ¿O estaremos viviendo ya los días históricos que anuncian el nacimiento de un hombre nuevo? Esta pequeña crisis, como dije antes, pudiera ser el preludio de una mayor. La actual, en cierta manera, es una crisis virtual, generada en el seno de las convenciones humanas, de si esto vale tanto o vale esto otro, y cosas así. En la siguiente (la importante), se van a poner en juego los valores reales. Cuando no tengamos bosques, peces que surquen los mares, tierra, agua y aire limpios, espacios naturales... entonces no serán las bolsas de valores las que cuantifiquen el valor de esos recursos, porque simplemente no los habrá. Y ese, creo yo, debería ser el cambio al que tenemos que anticiparnos. Un cambio tan revolucionario como el dado en el Neolítico. En esa época no tan remota, el hombre dejó de ser nómada para convertirse en sedentario, aprendió a cultivar plantas y animales, y por tanto se involucró en la cultura. Esa cultura es la que nos ha traído hasta aquí, y la que tenemos que revisar. Con un mundo gigantesco y un puñado de humanos progresando felizmente, no hay objeción. Pero de golpe el mundo se ha hecho excesivamente pequeño y nosotros demasiado grandes. Uno de los problemas, es que a pesar de los grandes avances en todos los campos, nuestra mentalidad neolítica no ha cambiado mucho en un aspecto que ahora parece trascendental. Somos codiciosos. Seguimos fascinados con el cuento de la lechera y queremos una economía en perpetuo crecimiento. ¡Qué drama si no crecemos! Pero... ¡Qué drama si seguimos creciendo! He ahí el dilema. La revolución que estoy imaginando consiste precisamente en eso: dejar de ser codiciosos y de considerarnos el centro del universo, dejar de adjudicar precios ficticios al valor que tienen las cosas, dejar de agredir y de distanciarnos de la naturaleza... y ese día llegará, cuando al contemplar un árbol, en lugar de tomar la motosierra y convertirlo en leña, nos tumbemos bajo su sombra y nos echemos una siesta. Está en nuestra mano. Porque no lo olvidemos, en la economía de mercado, nosotros somos los consumidores, y sin nosotros, “ellos” no tienen nada que hacer. Y acordaros también del dicho (que en este contexto adquiere una nueva dimensión): “El cliente tiene siempre la razón”.

Imagen: hexagrama "Chen", del I Ching (el libro de las mutaciones):  Lo suscitativo, movilizante, trueno, primer hijo.

sábado, 12 de junio de 2010

4.- Un mundo desconocido

x
Tras algún esfuerzo, la claraboya cedió, y una ráfaga de aire fresco acompañada de algunos cascotes y hierbas penetraron en el recinto. Era de noche, no había luna y apenas se podía ver la silueta del paisaje iluminado por unas breves estrellas. Un escalofrío recorrió sus cuerpos. El cielo del año 2553 estaba ante sus ojos. De pronto no importó nada más. Los dos se abrazaron y permanecieron así largo tiempo. La noche era agradable. Si no había habido cambio climático, se podía decir que la temperatura coincidía con la latitud y estación del año. Se veían tan pocas estrellas que a simple vista no se reconocían las constelaciones. El silencio era total. La pequeña brisa que corría parecía no ser suficiente para agitar la vegetación. Marco volvió a la realidad.
- Hay que mantener oculto nuestro refugio, no sabemos si habrá alguien por los alrededores ni si nos interesa que nos descubra, voy a apagar la luz. Y suave pero rápidamente se separó de ella y desapareció como tragado por la luz que brotaba de la claraboya, al rato se hizo la oscuridad más total y seguidamente Marco reapareció trayendo consigo una cámara fotográfica. –Es para hacer una foto al firmamento y saber qué hora es. Helena estaba tiritando. No hacía frío, pero la emoción de lo que estaba viviendo sumado al estado de su cuerpo hizo que Marco la invitara a entrar de nuevo. Una vez dentro Marco introdujo la fotografía en el ordenador.
– Son las 4,00 de la madrugada, del 13 de octubre de 2553... ¡Hace 522 años que nos conocemos! Helena hizo una mueca intentando demostrar alegría, pero sin poder disimular que no podía más. – Ven, vamos a acostarnos, dijo Marco. Ella le acompañó con toda naturalidad. Se acostaron uno al lado del otro y se abrazaron. Marco sintió como su compañera se desvanecía. Helena se había dormido, respiraba con dificultad y su cuerpo estaba frío. Todo muy normal después de haber estado 513 años hibernando. Lo que no era normal era el giro sentimental que había tomado la aventura. Marco se prometió que no permitiría que esta vez las cosas se estropearan. Lo que ayer le había parecido una pesadilla, hoy se le antojaba el paraíso.

Transcurría ya una semana desde el día, o mejor dicho, la noche en que se abrió la claraboya por primera vez. El idilio continuaba aunque ambos guardaban cierto pudor, y no hablaban de ello. Las salidas de reconocimiento se hacían cada vez más lejos, pero hasta ahora no se habían percatado de ningún signo de civilización. Parecía como si estuvieran en medio de una gran reserva natural. De hecho allá en el 2040, lo fue, por tanto parecía que nada había cambiado. Helena se había recuperado prontamente, quizás debido a la brisa, el sol y una dieta rica en bayas y frutos silvestres, sin olvidar el amor que hacía latir su corazón. Marco se preguntaba hasta que punto les interesaba contactar con la civilización. ¿Para qué renunciar al paraíso y compartir a su amada con el resto del mundo? Bueno, siempre le quedaba la esperanza de que la especie humana se hubiera extinguido. Se deleitaba imaginando los motivos: quizás un virus mutante, un accidente nuclear en cadena, un meteorito... Pero más allá de sus intereses egoístas, le obsesionaba conocer la verdad de lo que había ocurrido. Una cosa que le intrigaba era el no haber encontrado ni el más mínimo vestigio de las carreteras que antaño circundaban el parque. Y por las noches escrutaba el cielo buscando algún punto luminoso que no fuera una estrella. Helena por su parte, no tenía tantas preguntas, pero sí deseaba encontrar la civilización, pues aunque ella amaba la naturaleza, echaba en falta ciertos placeres: una buena comida, una sesión de peluquería o charlar de banalidades con las amigas. Por eso cuando Marco le propuso organizar una expedición de larga distancia, asintió animosamente. Así fue como el 21 de octubre, partió la pequeña expedición.
Decidieron encaminarse a lo que antes había sido la ciudad más cercana, que se encontraba a unos 40 Km. Esperaban cubrir la distancia en un par de días, porque aunque podrían hacerlo en uno sólo, no bajaban la guardia en cuanto a no ser descubiertos, sino ser ellos los primeros en descubrir y así tener la ventaja de la anticipación... el mundo podía ser peligroso...

5.- La expedición

viernes, 11 de junio de 2010

3.- El romance

.
El trance no había resultado tan terrible como él había supuesto, pero estaba preocupado por su salud, si entraba en depresión y no comía, quizás la perdiera para siempre. Él mismo se tomó unos calmantes con la intención de dormir y recuperar fuerzas, pues las explicaciones habían terminado, y era hora de pasar a la acción, era mejor no dar pie a más psicodramas, era mejor enfrentar lo que ahora le parecía una terrible equivocación, era mejor salir fuera y actuar, alejar el remordimiento, conseguir, si fuera posible, el perdón, consiguiendo para ella lo mejor que se pudiese conseguir en el tiempo de este nuevo y desconocido mundo al que su infantilismo los había llevado.

Marco, Marco, Marco. ¿Por qué has hecho esto? ¡Debería estrangularte! ¿Pero qué ganaríamos con un cadáver en este sitio ya de por sí tan siniestro? Se dijo mientras recorría las paredes con la mirada. Me has robado la vida, mi mundo, y ahora pretendes... No: ¡Me obligas a vivir esto! Caminó unos pasos hasta el reloj de arena y se quedó largo rato mirándolo, el nivel marcaba efectivamente el año que Marco le había dicho.
Hacía tiempo ellos se habían enamorado con gran intensidad, tanto era así que su amor se había convertido en algo mágico. La vida para ellos era un cuento de hadas y nada tenía importancia más que su amor, pero esa ensoñación tenía algo de patológica, y eso fue lo que los mató. El mundo que les tocó vivir no tenía sitio para ellos, y pronto el barco naufragó. Quizás el éxito de su amor no hubiera sido posible en ningún mundo... pero... ¿Y si ahora se permitieran recaer en ésa enfermedad? La idea podía ser tentadora. En cualquier caso sería una forma de afrontar ésta situación tan desafortunada... Pero no, las heridas recibidas en el pasado pesaban demasiado. Bien, tomemos las cosas como han venido. Allá fuera hay un mundo desconocido. Por lo pronto habrá que sobrevivir. Helena se dio la vuelta y miró el jardín de los hongos. Espero que podamos variar la dieta lo antes posible, se dijo para sí a la vez que se sorprendía a sí misma sonriendo. Será mejor tomarse todo esto con humor, no cabe duda, y se alejó algo confusa. Marco seguía durmiendo, mientras ella examinaba con curiosidad e incomprensión la colección de instrumentos y máquinas que se esparcían por el recinto. Se sentía bien, pero la atmósfera oscura y el aire viciado la estaban mareando. Sintió un fuerte impulso de salir al exterior y respirar aire puro, que la brisa nocturna meciera sus cabellos, o que los rayos del sol acariciaran su piel. Entonces se acerco a Marco, y se quedó mirándolo. Espero que ésta vez salga todo mejor... ésta vez no podrás abandonarme. Marco de pronto se despertó, abrió los ojos y se encontró con los de ella, los dos se sonrieron mutuamente. Una expresión de gran alivio se dibujó en la cara de Marco y dijo:
- Veo que te encuentras mejor. Me tenías preocupado. Y de un brinco se levanto de la cama. - Déjame que compruebe tu estado físico, ven, no tardaré mucho.
- Marco, he estado curioseando todo esto, y no he encontrado ninguna puerta.
- Mira allí... allí arriba, lo ves. En cuanto compruebe tu estado físico nos vamos.
- ¿Qué piensas que vamos a encontrar? ¿De que vamos a vivir? ¿Habrá gente allá arriba? ¿Qué cosas habrán pasado en estos años?
- Ahora no hables y respira profundo. Bien. Muy bien. Helena, creo que ya te dije lo arrepentido que estoy por lo que te he hecho, y no te voy a pedir que me perdones todavía, sólo espero hacer lo posible, y lo imposible también para que te sientas confortable, y quizás si lo consigo puedas perdonarme. Pero ahora no digas nada. Esto te va a molestar un poco... bien... muy bien. Pues esto ya está. Ahora un momento, déjame que mire esto...
No podía creerlo, Helena se asombraba de sus sentimientos. ¡Le estoy mirando como cuando le amaba! ¡Me ha secuestrado otra vez! Los dos se cruzaron nuevamente la mirada, y él sintió lo que estaba pasando. Su rostro se iluminó y sintió un fuerte deseo de estrecharla entre sus brazos. No lo hizo, pero notó cómo toda la habitación cobraba una nueva luz y el aire parecía menos viciado. Por primera vez en muchos días se sintió bien... muy bien.
- Ahora tienes que comer. Ven te enseñaré cómo preparar la comida. Tu estado físico es bastante lamentable, pero mejor de lo que cabría esperar, estás muy débil y notarás dolores musculares, yo ya he pasado por eso, y por tanto debes dejarme a mí hacer todo lo que requiera cierto esfuerzo. Respondiendo a lo que me has preguntado antes, te diré que no sé lo que vamos a encontrar, pero disponemos de agua, la dieta a base de hongos nos permitirá una nutrición completa y contamos con un conjunto de instrumentos que nos pueden ser de gran ayuda, entre ellos algunas armas.
- No tengo hambre. Dijo Helena, cuando Marco le ofreció la comida.
- Es normal, el estómago está cerrado, y debe abrirse poco a poco. Bien. ¿Te encuentras con fuerzas para ver que hay allá arriba?
- Sí. Y aunque no lo estuviera, quiero respirar aire puro.

4.- Un mundo desconocido

jueves, 10 de junio de 2010

2.- La chica

.
Aquí va la segunda entrega de mi relato, pero antes unas palabras sobre el blog.

Bueno… por fin estoy en el aire. Tenía muchas dudas y temores, como un piloto novel que debe despegar por primera vez, no encontraba el momento. No había prisa, porque nadie me estaba esperando, y yo suponía que mi blog era invisible todavía, pero uno no puede fiarse nunca de La Red, porque con herramientas para mí desconocidas, Vanbrugh ya me estaba observando sigilosamente… Bueno, la verdad es que montar el continente no ha sido tan difícil como esperaba, hasta me atreví a cambiar la configuración de mi plantilla, y estoy bastante satisfecho del resultado. El contenido es otro cantar. En mis pruebas cogía cosas antiguas que ya tenía escritas para ver cómo quedaban, entre ellas el relato con el que finalmente ha quedado inaugurada la página. Los temores siguen ahí, pero ha sido muy alentador que mi primer comentarista se adelantara a la inauguración oficial, y me diera ánimos. Sólo voy a añadir, que espero estar a la altura de mis propias expectativas, lo que será causa decisiva para que este ensayo se consolide o se extinga.

El relato que estaba sin acabar, consta actualmente de 11 entregas. Espero sabréis perdonar las posibles faltas de ortografía o gramaticales, que con la ayuda de la herramienta de corrección de Word y vosotros mismos si lo deseáis, iré corrigiendo en el futuro.

Y ahora sí, la segunda entrega:

2.- La chica

-Hola. ¿Cómo te encuentras?
- Ella balbuceó, y se le escapó un murmullo que él interpretó como “bien”.
- No te muevas todavía... respira suavemente... no debes sobresaltarte.
- Me arde todo el cuerpo.
- Sí, tienes fiebre, pero pronto pasará, toma un poco de agua... despacio… así...
- ¿Dónde estoy? Dijo débilmente. Él la miró. A pesar de su palidez le pareció que seguía siendo una muchacha bellísima.
- En un refugio, le dijo. Pero ahora no debes preocuparte por eso. ¿Puedes incorporarte?
- Creo que sí. ¿Qué ha pasado?
- Ahora no puedo decírtelo, pero puedes estar tranquila, todo va ir bien.
Se hizo un silencio y poco a poco ella se fue durmiendo debido a los tranquilizantes que él puso en el agua... Va a ser más difícil de lo que creía, pensó... Pasaron varias horas y ella volvió a despertar.
- Tengo hambre, dijo ella.
- Sí, ya lo suponía y te he preparado esto, no está muy bueno, pero no tenemos otra cosa.
- ¿Dónde estoy... qué me ha pasado?
- Come y no te inquietes. Ya te lo explicaré...
- ¡No! ¡Debes decírmelo ahora!
- Está bien, te lo contaré, pero con una condición
- ¿Cuál?
- Que debes comer y no debes interrumpirme. ¿De acuerdo?
- Vale
- Bien, esto que ves alrededor es un refugio. Aquí hemos estado los dos durante mucho tiempo. Hizo una pausa y prosiguió
- Hemos permanecido aquí mucho tiempo. Demasiado tiempo. Tanto tiempo, que ahora estamos solos. La situación es irreversible. Estamos condenados a afrontar un tiempo que no es el nuestro, que no era el nuestro, pero que ahora será nuestro tiempo y sólo nuestro tiempo...
- No entiendo nada, dijo ella.
- Te lo diré sin rodeos: te he secuestrado a un sitio donde nadie podrá rescatarte.
- ¿Estoy secuestrada?
- Sí.
- ¿Y qué pretendes con mi secuestro?
- Tenerte sólo para mí.
- ¿Porqué?
- Porque sigo enamorado.
Se hizo un silencio que se prolongó durante unos minutos, ella dejó el plato a un lado y se levantó, caminó alrededor de la cama, y miró extrañada el aspecto de las cosas que los rodeaban.
- ¿Qué es todo esto? Preguntó.
- Son instrumentos de navegación. Estamos en la nave en la que te he secuestrado.
- Así que me quieres sólo para ti, y me has secuestrado en esta nave. Muy bien. ¿Y ahora qué?
- Ahora he de afrontar ésta locura que he hecho
- Así que ahora te arrepientes
- Sí
- Pues devuélveme la libertad
- No puedo
- ¿Porqué?
- Porque te he traído a un sitio del cual es imposible volver atrás
- ¿Y qué sitio puede ser ése?
- No es un sitio, es un tiempo, te he traído al futuro
- ¿Al futuro?
- Sí. Dijo Marco y haciendo una reverencia en el aire añadió: – Te presento al año 2553
- ¿El año 2553?
- Sí, te he raptado en el tiempo, te he traído al año 2553
- ¿Y cómo puede ser eso? ¿Acaso esta “nave” es una máquina del tiempo?
- Algo así... Esto que ves, es una máquina de hibernación... ¡Hemos estado “durmiendo” 513 años!
- No te creo.
Se volvió a hacer el silencio, ella lo miraba incrédula, él dejó premeditadamente que el silencio se prolongara, y por fin muy lentamente y casi susurrando dijo:
- Es la verdad.
Helena sintió un escalofrío, todo su cuerpo se estremeció y perdiendo el aplomo que había demostrado hasta ese momento se puso a llorar.
- Creo que no me encuentro bien... quiero irme a casa... déjame irme... ¡Quiero irme! De pronto su cara se puso más pálida si cabe y vomitó todo lo que había comido, él trató de calmarla, pero ella le apartó con violencia.
- ¡Llévame a casa! ¡Llévame a casa! ¡Llévame a casa! ... Él se retiró a un rincón, y dejó que se desahogara, y así llorando y cada vez más debilitada se quedó dormida nuevamente.

3.- El romance

lunes, 7 de junio de 2010

1.- El viaje

.
La oscuridad era total, un olor penetrante y muy intenso lo impregnaba todo, se metía en la boca, era agrio, casi metálico. Intenté moverme, pero no noté nada, mi cuerpo no me respondía, pero no me alarmé, no sentía nada aparte del fuerte hedor. Me quedé quieto pues. No sé el tiempo que transcurrí en ese estado de sopor, inmovilizado y con la mente en blanco; entonces vi una especie de luz y vagas imágenes que se hacían realidad en mi cabeza mientras iba sintiendo cómo mi cuerpo recobraba el calor. Entonces las imágenes cesaron de golpe, y recordé; intenté incorporarme, y esta vez un fuerte hormigueo recorrió mi cuerpo, sentí la sangre bullir por todos lados. Era normal, estaba saliendo del aletargamiento y debía esperar todavía. Mi cuerpo había sido hibernado y todas las funciones vitales estaban recobrando su ritmo.

Corría el año 2040, cuarenta años de un milenio que acababa de comenzar y del cual los historiadores definirían sin duda como época revolucionaria: ¡Un tiempo fabuloso! Un tiempo de culminación en todos los campos de la ciencia en el que todo parecía posible. Pero: ¡Qué desgracia! Un desastre político y espiritual. Todos los valores de fin de milenio: derechos humanos, legislación, ética, o moral religiosa, eran vestigios de un pasado que nadie recordaba. Lo único que imperaba era un sencillo pero desgarrador: ¡Sálvese quien pueda! Y la salvación... dependía de tu posición social... Yo realmente gozaba de buena posición, pero no me sentía satisfecho, mis amigos no lo comprendían y decían que todas las preocupaciones que me asaltaban eran fruto de la nostalgia. Pero es que a mí, “Mi Bunker”, no me satisfacía. Quizás la humanidad terminara encontrando su camino, me decía, pero mientras tanto que no cuenten conmigo... Así pues, empecé a forjar un plan de huída el cual fue tomando forma poco a poco...

La verdad es que nunca se había intentado una hibernación tan larga. Habían pasado algo más de quinientos años, tiempo suficiente para que la humanidad se hubiera transformado. Lo que me esperaba fuera era una incógnita, pero por el momento me sentía orgulloso de mi éxito: Estaba vivo, nadie había interrumpido mi sueño, y pese a mi ignorancia en criogénica, todo había salido bien. En el reloj la arena seguía cayendo: verano de 2553, la pila atómica generaba luz, y me proporcionaba un primer sorbo de agua destilada que tomaba de un gran depósito ahora medio vacío, el pequeño jardín de hongos había funcionado y de momento no debía preocuparme por el almuerzo ¿o era la cena? La cámara exterior no emitía imágenes, seguramente debido a la acumulación de sedimentos. Ya llegaría el momento de salir, ahora era tiempo de educación física y reponer el equilibrio orgánico... y de ver si mi juguete estaba en buen estado... Mi juguete se llamaba Helena y fue un pecado imperdonable al que por último no pude resistirme. Ella había sido el amor de mi vida y aunque sé que me había querido tanto como yo a ella, las cosas se torcieron entre nosotros y ya nunca pudieron arreglarse. Entonces se me ocurrió raptarla. ¿Quizás en el 2553 todo sería diferente? Fui a verla, estaba bien, pero de momento no iba a despertarla. Debía reponer fuerzas y repasar mi estrategia para suavizar el impacto que sin duda sufriría al descubrir lo ocurrido.

Pasaron los días, las semanas y los meses. Pasé una gran crisis. De pronto todo me pareció una pesadilla y pensé en suicidarme. El agujero de mi hibernáculo parecía mi tumba. Mi amor parecía ya muerta... Pero me sobrepuse y decidí que ya había llegado el momento de la verdad: Helena y yo saldríamos a ver el mundo de 2553 y que fuera lo que dios quisiera.

2.- La chica