lunes, 30 de enero de 2012

El increíble y fantástico mundo junguiano


Acabo de terminar Mysterium Coniunctionis, libro sobre el que retornaré en el futuro para hacerle alguna que otra lectura adicional pero que de momento me ha dejado suficientemente impregnado de psicología profunda. No es un libro fácil como no lo son casi ninguno de su autor. Durante su lectura me ha ocurrido perder el hilo de la narración durante páginas y páginas, lo confieso, pero entonces con cierta angustia o hastío he perseverado en su lectura con la certeza de que más tarde o más temprano volvería a conectarme y también con la superstición de que algo de lo que allí se cuenta se filtraría imperceptiblemente en mi comprensión a pesar de mi ineptitud.

El mundo Junguiano está plagado de materiales y seres fantásticos, e incluso las cosas corrientes adoptan significados trascendentes. Todo tiene sentido, causa o finalidad, pero está envuelto en un halo numinoso, misterioso o jeroglífico. Esto se debe a que el objeto de estudio de esta psicología es en su mayor parte lo inconsciente, que por definición significa “lo desconocido”. Pero el inconsciente existe, de hecho lo uno (lo consciente) no puede existir sin lo otro (lo inconsciente), de la misma manera que la luz no puede existir sin la oscuridad.

Buscando las claves para su psicología Jung investiga y relaciona psique y mitología, y de ese cóctel compuesto por mil ingredientes que desprenden extrañas fragancias surge una descripción muy poderosa del hombre y su mundo.

Los arquetipos por ejemplo, nos transportan en el tiempo y nos hacen imaginar el lento devenir histórico de la psique, observar las formas y el funcionamiento de su arquitectura, la universalidad de sus esquemas y cómo han condicionado a la humanidad entera y desde siempre.

O el sí-mismo que describe una concepción completa del ser humano, es decir: un yo consciente más su respectivo inconsciente. Un sí-mismo que posee alma, cuerpo y espíritu, personificaciones como el ánimus y el ánima, zonas de luces conscientes, de sombras semi-inconscientes y oscuridades casi impenetrables. De esta forma en el sí-mismo estaría integrado todo lo que realmente somos y no solo lo que se ve a simple vista.

Y por último mencionaré la conjunción de los opuestos, sobre el que trata específicamente mi libro y que consiste en la unión de los contenidos de la conciencia con los del inconsciente, un problema que no deja de surgir en todo aquel que esté profundizando en el conocimiento de sí mismo.


lunes, 23 de enero de 2012

Los abandonados

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Cuando llegó Chiquita teníamos dos perros grandes y ella era cachorrita, de ahí el nombre que ya no cuadra pues ahora es la segunda más grande en el ranking. Un día estábamos entrando las bolsas de la compra y aprovechando que estaba la puerta abierta se nos coló dentro. La zona en que vivo está muy próxima al monte, es un sitio donde es habitual el abandono de perros y ya nos hemos acostumbrado a verlos pasar, asustados, sucios y hambrientos pero siempre inofensivos. Chiquita debía haber sido una recién abandonada pues estaba perfectamente limpia y alimentada. Era muy graciosa y no pudimos negarle el asilo que casi ni ella misma había solicitado.

De izquierda a derecha: Larga, Rojito, Mamita y Bebita

Con Rojito y Larga ocurrió que una vecina apidándose de ellos, pero sin llegar a la adopción, se preocupó de que no les faltaran agua y comida. El resultado fue que los perros dejaron de vagabundear y se hicieron habituales del barrio. Conocían tus horarios y estaban atentos para venir a saludarte, mordisqueándote las manos y demostrando su alegría con los rabos. A estos dos se sumó después una tercera que por el aspecto de sus mamas acababa de ser madre. Al final todos los vecinos estábamos encariñados con ellos, pero nadie se decidía. Nosotros, los días de lluvia los dejábamos entrar para que se resguardaran y por la mañana les abríamos la puerta y salían escopetados a sus quehaceres perrunos. Hasta que un día decidimos que ya estaba bien de tanta indefinición, los perros venían cada vez más flacos, sucios y pulgosos, y los adoptamos con todas sus consecuencias.

En el veterinario. En segunda fila la que faltaba: Chiquita

Por último y para mi sorpresa, una noche de frío y lluvia oí gemidos en el jardín (para entonces los perros ya dormían dentro), eran las cuatro de la madrugada y me encontré con los cuatro cachorritos que Mamita había tenido al raso y que habían encontrado y seguido el rastro de su madre hasta la casa. De golpe ya teníamos ocho perros. Teniendo en cuenta que siempre tuvimos perros pero que habíamos decidido no tener más, el capricho del destino nos había gastado una bonita jugada.

No obstante, de los cuatro cachorritos conseguimos regalar tres, por lo cual ahora "solo" tenemos cinco.