jueves, 25 de noviembre de 2010

Jepri y el inframundo



Un escarabajo pelotero mueve su bola de estiércol en plano general a través de la pantalla. Para los antiguos egipcios, el quehacer de este escarabajo significaba una actividad sagrada, pues hay en ello una analogía con hacer rodar al sol.

En la Wikipedia se dice que Jepri (dios asociado al escarabajo) renovaba el Sol cada día tras su desaparición en el horizonte, llevándole a través del mundo subterráneo (Duat) después del ocaso, para renovarle otra vez al día siguiente. La Duat era el inframundo, el lugar donde se celebraba el juicio de Osiris, y donde el espíritu del difunto debía deambular, sorteando seres malignos y otros peligros.

Un guerrero corre entre una fila de soldados detenidos, la escena se desarrolla en el desierto, el sofocado mensajero llega hasta donde se encuentra el comandante de la tropa que no es otro que Ramsés, el hijo del faraón, acompañado por los sacerdotes. — No podemos continuar, mi señor, una pareja de escarabajos sagrados bloquea el camino. Ante tal contrariedad Ramsés duda qué actitud tomar. — Que un par de escarabajos nos obliguen a dar un rodeo, cuando no detendrían ni el paso de un asno. Y ante la posibilidad de que éste se decida por pisotearlos, uno de los sacerdotes le recuerda — Olvidáis mi señor, que un asno nunca llegará a ser faraón. — Esa argumentación me ha convencido, demos pues ese rodeo. Así comienza una superproducción polaca llamada  Faraón.



Imagen: Representación del juicio de Osiris.
Video: Faraón (Jerzy Kawalerowicz, 1966).

martes, 23 de noviembre de 2010

Los dientes del diablo

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Para los esquimales la pérdida de la dentadura supone el fin de la vida. A falta de otras herramientas, los dientes son indispensables para, entre otro sinfín de aplicaciones, masticar la carne que ingieren cruda y que es su única fuente de alimento. Una persona llegada a este punto está completamente a merced de que alguien le mastique la carne o morirá, y la suegra de Inuk decide hacer esto último, exponerse a los osos polares para ser devorada y así acabar dignamente con su vida. Qué puede pensar entonces Inuk cuando descubre horrorizado que su primer hijo ha nacido sin dientes, si además y desde que ocurrió se siente acosado por la culpa de haber matado a un hombre. Éste es el argumento de una preciosa película de Nicholas Ray llamada Los dientes del diablo.

Antiguamente tan aisladas e ignorantes como nuestro personaje anterior se hallaban las gentes sin la divulgación científica y el acceso a la información que disponemos hoy en día. Por eso no es de extrañar que se forjaran poéticas asociaciones a ciertos enigmas que desafiaban toda explicación. Qué se podía pensar ante el increíble cuerno de un narval sino que perteneciese a un hermoso caballo blanco, el unicornio; encontrar esqueletos de peces fosilizados en pleno desierto o caracolas marinas en lo alto de las montañas, no podía significar otra cosa que la evidencia del diluvio universal; o los esqueletos de los dinosaurios la demostración de la existencia de los dragones. Al igual que ocurre con la etimología de las palabras, existe una etimología de las leyendas, y de la misma forma que no existe el crimen perfecto, se pueden rastrear las huellas de casi todo. (Pero también es muy fácil caer en falsas interpretaciones y con esa advertencia debe leerse todo mi post, pues sólo se trataría de suposiciones sin ninguna garantía de objetividad). Otra más, que oí o leí no sé dónde, explicaría el por qué de la mala suerte que se obtiene al pasar por debajo de una escalera, y consiste en que al apoyar una escalera contra una pared; suelo, pared y escalera forman un triángulo, símbolo de la divinidad, y que al atravesarlo lo estaríamos profanando. No todas las leyendas tienen necesariamente que surgir de un equívoco, pero es interesante descubrir las posibles vinculaciones con los hechos o las ideas que las generaron.

Por último, un hecho que puede ayudarnos a entender como se forja el entramado de la mitología humana —y por extensión de su pensamiento—, es el relativo al acontecer perpetuo de la alternancia entre el día y la noche. Aunque sabemos que es la tierra la que gira, la impresión íntima es que es el sol quien aparece, se eleva, desciende y vuelve a desaparecer.

El sol nace al igual que nosotros y se eleva, en su cenit está en lo más alto para luego comenzar un movimiento descendente de ocaso y por fin muere y desaparece como tragado por la tierra.

Las analogías con todo el pensar y sentir humanos son tan evidentes y básicos que asustan. ¿Podría ser ese el origen de conceptos tales como alto-bajo, luz-tinieblas, bien-mal, vida-muerte? Yo creo que sí, y dejándome llevar aún más lejos, diría que la observación y teorización de ese acontecimiento astral ha sido, y es, la piedra angular de todas las construcciones mentales humanas.




Imagen: Los dientes del diablo (The Savage Innocents), Nicholas Ray, 1960.
Video: 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968).

martes, 16 de noviembre de 2010

Las fantasías sexuales




Nadie nos pidió permiso para traernos al mundo, pero sentíamos que veníamos, estábamos tomando conciencia de nosotros mismos y comenzábamos a disfrutar del suave balanceo acuoso que nos contenía, y de pronto, y sin que nadie nos hubiese preparado para el tremendo acontecimiento que se avecinaba, nacimos. Y por si eso fuera poco, cuando por fin hacemos las paces con este horrible mundo reseco, empezamos a sospechar que ella, nuestra madre, que lo fue todo en nuestra vida, no nos pertenece.

Freud nos advirtió que la imagen asexuada de los niños es engañosa, porque según él, el sexo forma parte primordial de todos los intereses y preocupaciones infantiles, y que al igual que ocurre en el relato mítico de Edipo y tal y como lo pronosticara el oráculo, el destino humano conduce irremisiblemente a una encrucijada. El niño, en pleno idilio sexual con su madre, comienza a percibir un día que la madre no le pertenece por completo, se da cuenta que su padre es un peligroso rival, y un tremendo ataque de celos e inseguridad se apoderan de su vida, hasta el punto de imaginar que debería deshacerse de su padre, y que si pudiera, le mataría. Pero tras chocar una y otra vez contra la realidad, la fantasía termina por desvanecerse, pues descubre que su padre así como el orden social establecido, de ningún modo le van a permitir satisfacer sus deseos. El desenlace si todo sale bien consiste en que su ego será derrotado, la energía que estaba bloqueada se proyectará fuera de casa, conseguirá su propia pareja y con ello se pondrá fin al conflicto. (Ésto es: El complejo de Edipo).

Se podría decir que hay dos pulsiones. Una de regresión: retornar a la madre, restablecer el lazo umbilical, y volver al útero. La otra de progresión: desechar la fantasía edípica, encontrar otro amor fuera del ámbito familiar, y conectarse con los adultos y el mundo exterior.

Si hemos madurado lo suficiente pudiera ser que nuestra sexualidad y relación con el mundo nos satisfagan completamente, pero lo más probable es que no sea así y que la problemática de la vida adulta nos traiga el recuerdo de similares angustias y tensiones que ya experimentamos durante la infancia. Por tanto, en el mundo adulto al igual que en el infantil, surgen las fantasías; esas construcciones mentales que mitigan la ansiedad de una realidad que nos atormenta, que no resuelven los problemas pero que los esbozan y les dan una salida provisional.

Todas las fantasías son lícitas pues nos pertenecen a nosotros exclusivamente, pero en caso de llevarlas a la práctica deben realizarse dentro del consentimiento, pues de lo contrario serían motivo de abuso y violación de la integridad ajena.

La vida es con frecuencia demasiado gris como para que además nos neguemos a jugar y fantasear. La realidad y el destino se han encargado de encorsetarnos en unos roles dignos de ser transgredidos y muy apropiados para ser ignorados. Debemos conocer de dónde venimos, pero para saber quiénes somos, debemos experimentar, descubrir y crear nuevas realidades. A la condición humana hay que contraponer la creatividad humana y a la energía vital del amor hay que desbloquearla y construirle grandes avenidas para que circule libremente. Debemos llegar a un acuerdo no sólo con los demás sino con nosotros mismos, y a partir de ahí, abrir el abanico de las ricas posibilidades que brinda la existencia. Que cada uno de nosotros sea el artífice de su realidad y su fantasía.



• Hetero, homo y bisexualismo. La heterosexual es la forma natural, aquella que está concebida para la consecución de la reproducción. La homosexual sería una variante que igualmente se da en el mundo animal, pero que es más propia del refinamiento y la capacidad de transgresión del comportamiento humano. Quiero dejar expresamente claro con respecto a la homosexualidad, que esa práctica no tiene nada de reprobable, ni es distinta de la heterosexual en cuanto a fantasía, y aprovecho la ocasión para denunciar la mentalidad retrógrada de los que todavía opinan que esa inclinación sexual supone un comportamiento anómalo. Además, para todos aquellos que persiguen el mayor entendimiento en la cama (lo que cada uno desea que le hagan para obtener el mayor placer posible), la homosexual es la práctica perfecta, pues nadie mejor que un compañero del mismo sexo para conocer tus resortes fisiológicos y mentales. Y por último la bisexual, a la que desde mi heterosexualidad envido profundamente, porque como dicen ellos: “Cuando me gusta una persona no me importa qué sexo tiene”.
• Necrofilia (sexo con los muertos). También sexo con personas inconscientes: drogados, dormidos en el quirófano, borrachos. (En la película "Viridiana" de Buñuel se toca el tema).
• Zoofilia y pedofilia (sexo con seres indefensos o más débiles). Hay una practica masculina concerniente a la gallina, a la cual tras penetrarla por la cloaca se le corta la cabeza, ya que con los espasmos de la muerte, éstos generan un masaje sobre el pene, lo que unido al aleteo y la sangre derramada conforman un escenario estremecedor. Hay otra zoofilia más light que como ocurre en el caso de la pedofilia, consiste en conseguir el objetivo sexual sin que la victima, debido a su inocencia, se de cuenta verdaderamente de lo que ocurre.
• Incesto, pariente prohibido, engaño del marido o la esposa (sexo que desafía el ordenamiento social o familiar)
• Violación, tortura y asesinato (desafío extremo del ordenamiento social y moral)
• Masturbación (sexo en solitario) En el afán de reproducir una vagina o un pene: sexo con vegetales, vibrador, muñeca hinchable.
• Sexo oral: El beso (oral), la felación y el cunnilingus (sexo oral-genital) el sesenta y nueve (lo mismo que los dos anteriores pero recíproco), el beso negro (sexo oral-anal). Boca, ano y genitales son zonas muy erógenas y la práctica se identifica con la acción de comer, devorar, devorarte.
• Prostitución (medio asequible aunque no completamente aceptado para llevar algunas fantasías sexuales a la práctica). Entre los miembros de "Los ángeles del infierno", está establecido la existencia de una mujer “madre” que debe estar siempre dispuesta a satisfacer sexualmente a cualquiera de los miembros que lo requieran.
• Potenciadores de la excitación y el placer sexual, como cubrirse la cabeza con una bolsa de plástico (se busca la asfixia, lo que conlleva una aceleración del ritmo cardíaco; práctica peligrosa que ha sido causa de muertes accidentales por llevar los efectos demasiado lejos). También drogas como el Viagra o el Éxtasis.
• Sado-masoquismo (infligir o recibir dolor y humillación). Lluvia dorada (que se meen sobre ti). Coprofagia (que se coman tus excrementos), en "Saló o los 120 días de Sodoma" de Pasolini se toca el tema (film enormemente desagradable, sólo recomendable para estómagos muy curtidos). Azotes en las nalgas (típico castigo infantil), golpes, gritos y todo tipo de vejaciones. También esclavos, secuestrados, maniatados, inmovilizados.
• Introducción de dedos por el recto (como la famosa secuencia de "El último tango en París). En extremo: introducción del puño y hasta parte del brazo. Y lo mismo para la vagina.
• Tríos y orgías (sexo entre múltiples personas). También intercambio de parejas.
• Voyeurismo, exhibicionismo, practicar sexo en sitios públicos, toqueteo en aglomeraciones.
• Travestismo (persona que se siente y adopta el rol del sexo contrario, llegando incluso a cambiarse el sexo quirúrgica y legalmente).
• Sexo con minusválidos (físicos o psíquicos).
• Fetichismo, uniformes.
• Coleccionismo (consideración de las personas como objetos a conquistar, unido al deseo de pensarse a uno mismo irresistible). También colección de fetiches (como pelos del pubis en "La escopeta nacional" de Berlanga).
• Sexo con personas inalcanzables (por diferencia de edad, estatus social u otros motivos).
• Órganos descomunales, penes o pechos muy grandes. También personas muy gordas.
• Sexo con embarazadas, mujeres dando de mamar, masturbación masculina con los pechos de la mujer.
• Sexo con personas de otras razas, etnias, o culturas (uno de los motivos del turismo sexual).
• Sexo Tántrico y Kamasutra (refinamiento y mística oriental). Me interesa sobre todo el Tántrico, cuyo planteamiento consiste en hacer el amor sin buscar el orgasmo, con el objetivo de mantener la unión prolongadamente mientras se entra en profunda meditación. Aunque el Kamasutra con sus mil posiciones, es un colorido catálogo de las imágenes y figuras que genera el cuerpo.




Un diálogo de El último tango en París 

— Escucha,... quiero que nos miremos uno al otro... si.
— Es bonito no saber nada el uno del otro.
— Si.
— Tú no tienes nombre y yo tampoco tengo nombre. No hay nombres. Aquí no tenemos nombre.
— ¿Estás loco?
— Es posible que lo esté pero no quiero saber nada de ti. No quiero saber donde vives, ni de donde eres. No quiero saber absolutamente nada de nada. ¿Me has comprendido?
— Me asustas.
— Nada. Tú y yo nos encontraremos aquí sin saber nada de lo que nos ocurra fuera, ¿de acuerdo?
— Pero, ¿por qué?
— Pues porque…aquí no hace falta saber nombres, no es necesario. ¿No lo comprendes? —Venimos a olvidar, a olvidar todas las cosas, absolutamente todas. Olvidaremos a las personas, lo que sabemos, todo lo que hemos hecho. Vamos a olvidar donde vivimos, olvidarlo todo.
— Yo no podré, ¿tú si?
— No lo se. ¿Tienes miedo?
— No.

Imágenes y video: El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972), con música de Gato Barbieri (en el video actuación en directo).

lunes, 8 de noviembre de 2010

El arte de amar

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El amor, esa palabra tan manida, se puede referir a un sinfin de tipos: el amor a uno mismo, el paterno-filial, el de la pasión por alguna actividad personal, el místico, etc. Yo me referiré al amor sexual; aquel que siendo puro, trascendente y eterno, necesita de un compañero sentimental; de la presencia física de otro cuerpo.


Un homme et une femme (Theme) by Michel Legrand on Grooveshark

Porque igual que el pintor necesita lienzo y pintura, el fotógrafo cámara fotográfica y película, y el poeta lápiz y papel; este tipo de amor, el amor de pareja, necesita del ser amado; y de la misma forma que ocurre con el artista, el amante, sin su soporte físico, no puede realizar la obra.

El arte como el amor, siguen teniendo cosas en común: Ambos necesitan de una técnica. Pero también son creación e inspiración, de tal forma que no sólo basta una técnica propicia, sino que se ha de tener algo que comunicar. Así, podemos ver pinturas, fotografías, o poemas perfectamente ejecutados, y sin embargo, carentes del más mínimo interés artístico. Por ejemplo, la copia de una obra ajena a nosotros mismos: Si con mi técnica soy capaz de reproducir a la perfección, pongamos por caso, el cuadro de La Gioconda; podríamos decir que estaría perfectamente ejecutado, pero también estaría claro que su valor artístico sería nulo. Con esto quiero decir, que no se debe confundir la simple técnica sexual con la autenticidad del acto amoroso.

Pero no se os habrá escapado el hecho de que con esta interpretación, se consideraría al otro como un mero instrumento y no el objeto propio del amor. El acto amoroso es entonces, en este aspecto, bien distinto que la actividad artística, en el sentido de ser algo que ocurre entre dos. Los amantes —recíprocamente— como dos mitades que persiguen la necesidad de volver a ser uno; son el motivo y la obra, la entrega y el acogimiento, la búsqueda y el descubrimiento.

Dicen que el número cuatro representa la unidad, y puede que así sea, porque en el acto amoroso hay cuatro acciones, yo que voy a ti, tu que vienes a mí, yo que te recibo, y tú que me recibes.

Yo estoy en ti y en mí dentro de ti, y tú estás en mí y en ti dentro de mí.



Le Tourbillon de la Vie by Jeanne Moreau on Grooveshark

Imagen 1: Un hombre y una mujer (Claude Lelouch, 1966)
Imagen 2: Jules et Jim (François Truffaut, 1962)