miércoles, 23 de febrero de 2011

Los océanos del tiempo

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Hace 40 millones de años, durante el eoceno y en una región que hoy está invadida por las aguas del mar Báltico, se formó una resina fósil que llamamos ámbar.

Hay otros yacimientos de ámbar en diversos puntos del planeta y con distintas dataciones, pero el del Báltico está considerado como el de mejor calidad. En esa época se estaban formando las cordilleras más importantes de la actualidad, predominaban las aves (hace 15 millones de años se habían extinguido los dinosaurios) y aparecían los primeros delfines en los océanos. Pero faltaban aún 35 millones de años para que de los chimpancés surgieran los homínidos.


Es interesante darse cuenta la magnitud de tiempo contenida en una expresión tan desenfadada como “millones de años”. Hoy sabemos, aplicando la teoría de la tectónica de placas, que la cordillera del Himalaya, el techo del mundo, con sus diez ochomiles, se formó por el choque entre la placa India y la Euroasiática. Se dice en la Wikipedia que la colisión de ambas placas se inició en el Cretácico superior (hace cerca de 70 millones de años). La placa India, que se dirigía hacia el norte a una velocidad de 15 centímetros por año, chocó con la placa Euroasiática, y parte del océano de Tetis que las separaba, desapareció completamente. Es decir, que si la placa India avanzaba a 15 centímetros por año, esto supone 15 millones de centímetros, o lo que es lo mismo: 150 kilómetros cada millón de años. Esa placa India subducciéndose a esa velocidad bajo la placa euroasiática fue la causante de la elevación del Himalaya y la Meseta Tibetana, e imaginar que parte de los sedimentos que antes se encontraban en el lecho marino de Tetis hoy se pueden localizar a ocho mil metro de altitud, nos puede dar una idea de lo infinitamente largo que es decir “un millón de años”.


Los primero homínidos precursores de nuestra especie, datan de hace 5 millones de años, pero el homo sapiens surge tan sólo hace 200.000 años, la agricultura y la ganadería hace 10.000 años, y la revolución industrial hace la ridícula cantidad de tiempo de 200 años. No somos conscientes de la explosión que suponen las múltiples revoluciones a que hemos dado lugar, la aceleración cada vez mayor de las mismas, ni a dónde nos conducirá todo esto. Pero lo que es seguro es que estamos viviendo un momento histórico, que situado dentro de los apacibles y lentísimos cambios geológicos, representan un acontecimiento puntual e inédito en la historia del universo conocido.




Video: Parfois, lors de couchers de soleil sans nuages, on a la chance d'observer ce que l'on appelle le "rayon vert". Il est plutôt rare et dépend essentiellement de la couverture nuageuse à l'horizon. Une fois par mois est une bonne moyenne pour l'apercevoir ... il faut être attentif et assidu, mais il existe vraiment !

PS : pour les sceptiques, le voici en photo, à l'instant V (comme vert, pris en octobre 2008 - Reunion).

lunes, 21 de febrero de 2011

Restaurar a las diosas madres

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Ya que los hombres parece ser que lo hemos estado haciendo francamente mal ¿qué tal si damos paso a una nueva era conducida por las mujeres? El cambio no sería baladí... y parece ser que ya pasamos por una etapa similar. Libertad, igualdad y fraternidad, ese lema tan redondo de la revolución francesa, es lo que promete el matriarcado, además de dejar a la tierra en paz…


Extractos de El Lenguaje Olvidado, 1951, de Erich Fromm

Bachofen (1) sugiere que en los comienzos de la historia humana las relaciones sexuales eran promiscuas y que por consiguiente solo era incuestionable el parentesco materno. Esa circunstancia le habría dado a la mujer el peso necesario para detentar la autoridad y gobernar en el ámbito familiar así como en el social y religioso, pero ese orden matriarcal sería más tarde derrotado y suplantado por otro patriarcal, acontecimiento que se habría producido durante el transcurso de un prolongado y lento proceso histórico.

También según Bachofen, ese conflicto se ve reflejado en la Orestíada de Esquilo, pues ésta sería una representación simbólica de la última batalla librada entre las diosas madres y los victoriosos dioses padres.

Clitemnestra había matado a su marido Agamenón, para no renunciar a su amante Egisto. Orestes hijo de ésta y de Agamenón, venga la muerte de su padre matando a su madre y a su amante. Las Erinias, que representan a las antiguas diosas madres y al principio matriarcal, persiguen a Orestes y exigen su castigo, mientras Apolo y Atenea (esta última no había nacido de mujer sino brotado de la cabeza de Zeus) representantes de la nueva religión patriarcal, están de parte de Orestes.

La discusión se concentra sobre los principios de la religión patriarcal y matriarcal respectivamente. Para el mundo matriarcal el lazo sagrado es aquel que une a la madre con el hijo, para el patriarcal sin embargo, el deber máximo es el del amor y respeto del hijo hacia su padre.

Bachofen demostró que las diferencias entre el orden patriarcal y el matriarcal iban mucho más allá de la supremacía social de hombres o mujeres; era una diferencia de principios sociales y morales. La cultura matriarcal se caracterizaba por la preeminencia de los lazos de sangre, los lazos del suelo y una aceptación pasiva de todos los fenómenos naturales. La sociedad patriarcal en cambio, se caracterizaba por el respeto a la ley del hombre, el predominio del pensamiento racional y los esfuerzos del hombre para modificar los fenómenos naturales, En el concepto matriarcal todos los hombres son iguales, ya que cada cual es hijo de una madre y todos hijos de la madre tierra. Una madre ama a todos sus hijos por igual sin condiciones, puesto que su amor se basa en que son sus hijos y no en que posean méritos o hazañas especiales; el objetivo de la vida es la felicidad de los hombres; y no hay nada más importante y digno que la vida y la existencia humanas. El sistema patriarcal, por su parte, considera que la obediencia a la autoridad es la virtud principal. En lugar del principio de igualdad, encontramos aquí el concepto del hijo favorito y un orden jerárquico en la sociedad.

1.- Das Mutterrecht (El Matriarcado), 1861, de Johann Jakob Bachofen.




Imagen: Detalle de un cartel promocional de Avatar, película dirigida por James Cameron en 2009.
Video: Gilda, dirigida por Charles Vidor en 1946.

viernes, 11 de febrero de 2011

No te salves

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No te salves (Poemas de otros, 1973-1974), de Mario Benedetti, interpretado por Miguel Ángel Solá

lunes, 7 de febrero de 2011

A Felicidade

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Ya que estamos aquí, ¿por qué tener prisa en morir? Sí, sí... ya sé que a veces la vida puede ser detestable... incluso peor que la nada. Pero si todavía nos queda un poco de energía, ¿por qué no emplearla en algo positivo? La tristeza no tiene fin… la felicidad sí, dice la canción. Pero eso no es más que una sutileza poética, un sofisticado modo de hacernos comprender lo inmensamente feliz que llegó a ser quien lo escribió.


La vida… vivir la vida… es aprovechar el primer impulso e intentar que no se detenga. Creer en algo, luchar por ello, estar atentos, ser cuidadosos, hacer las cosas bien…

Siempre he tenido la impresión que la vida de cada persona es como una pequeña gran obra de arte, con sus claroscuros —vidas suaves y placenteras o duras y apasionadas—, y con una determinada estructura temporal (igual que ocurre con la narrativa), con un planteamiento, un nudo y un desenlace. Y como en todo buen relato, con un principio alentador, una zona media donde se desarrollarán los problemas y un intrigante final desconocido. Nuestra civilización también ha tenido su discurrir y su impulso la ha estado guiando por caminos jamás transitados. Ahora estamos en crisis, y es el momento de los problemas y los malabarismos, pero también de fijarnos en el camino recorrido y el que nos queda por recorrer, y preguntarnos ¿qué queremos realmente?, analizar lo que hemos estado haciendo y lo que debemos cambiar. Mi mensaje pues, consiste en que tanto colectiva como individualmente, nuestra vida merece la pena, sobre todo porque no tenemos otra, y que siempre será mejor una existencia llena de contenido que el vacío y lo inanimado.

Y por último, no olvidaros que ¡estamos en temporada de manzanas y mandarinas, puerros y espárragos trigueros!