Foto: Anonymous fresco in Pompeii, between 89 BC and 79 AD.
Museo Archeologico Nazionale (Naples), Italia.
Ella me dijo:
Pero qué les pasa a los hombres, por qué es tan difícil encontrar una pareja que te quiera con el corazón en vez de con la p…….
Y yo quise decirle que con el corazón se quiere a los amigos, a la familia… pero el amor más sagrado es el de querer con la p……. Con su queja seguramente ella ha querido denunciar que le ocurre que muchos hombres se acercan a ella sin verdaderas buenas intenciones, pero no me parece certero achacarle ese pecado al sexo —también se pueden tener malas intenciones con el corazón—, la bondad no es una cuestión de órganos. Cuando se quiere con el corazón quiere decir que queremos con el alma pero sin el cuerpo. Cuando queremos con la p……. es el amor en su máxima esencia, en él aparece el cuerpo, es capaz de generar nueva vida, y es allí donde se encuentran las verdades más profundas de nuestra propia persona, sin engaños, sin subterfugios... la auténtica razón de vivir.
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Cómo será la cosa, que debimos importar la palabra inglesa gay para que al referirnos a la homosexualidad masculina no tuviéramos que hacerlo con la tan peyorativa de marica.
Fotograma de Querelle
En mi juventud, con 16 o 17 años, me levantaba empalmado casi todas las mañanas. Desde un principio tuve muy claro que a mí lo que me iba eran las mujeres. Fui educado dentro de una familia latina donde no se hablaba casi nunca de sexo, y si se hacía era para contar algún chiste. No como esas familias germanas o nórdicas en las que todos sus integrantes deambulan en pelotas por la casa, se dan besos en la boca y el sexo pareciera no tener secretos para ellos. (Tengo entendido que entre los esquimales, si alguien pernocta en la casa, el anfitrión está obligado por cortesía a ofrecer que su esposa pase la noche con el invitado).
Para un hetero masculino solo la homosexualidad femenina tiene visos de ser algo agradable, excitantemente interesante, mientras que la homosexualidad masculina resulta grosera y desagradable. Sin embargo, en una época que frecuentaba yo los cines de arte y ensayo madrileños, tuve una erección homosexual mientras contemplaba la película de Fassbinder, Querelle. Como la película se estrenó en el 82, se puede decir que mi único conato gay ocurrió cuando tenía yo 22 años. También recuerdo que mi mejor amigo de la escuela, entonces tendría yo 15 años, era bastante afeminado y poeta, y nuestra diversión consistía en recorrer las calles del Madrid de los Austrias mientras leíamos sus poesías; pero no recuerdo que saliera el tema de su posible homosexualidad ni que ese tipo de atracción estuviera presente en nuestros encuentros. Como dije antes, yo siempre fui heterosexual. Puedo saber lo que siente un gay haciendo el amor porque después de todo los cuerpos no son tan distintos, de hecho, en una de mis relaciones de pareja practiqué la sodomía por error y no fue nada desagradable. Si acaso será el gay el que se pierde algo, pues no puede realizar el coito a través de una vagina. En cualquier caso, y volviendo a mi único episodio homosexual de excitarme con aquella película, eso significa que ese comportamiento cabe perfectamente dentro de las opciones sexuales disponibles, al menos en mi caso, y que si no llegué a indagar en esa temática fue porque no quise, pues si me hubiera dedicado, por ejemplo, a ver películas porno homosexuales, seguramente se hubieran repetido las erecciones.
Nadie nos pidió permiso para traernos al mundo, pero sentíamos que veníamos, estábamos tomando conciencia de nosotros mismos y comenzábamos a disfrutar del suave balanceo acuoso que nos contenía, y de pronto, y sin que nadie nos hubiese preparado para el tremendo acontecimiento que se avecinaba, nacimos. Y por si eso fuera poco, cuando por fin hacemos las paces con este horrible mundo reseco, empezamos a sospechar que ella, nuestra madre, que lo fue todo en nuestra vida, no nos pertenece.
Freud nos advirtió que la imagen asexuada de los niños es engañosa, porque según él, el sexo forma parte primordial de todos los intereses y preocupaciones infantiles, y que al igual que ocurre en el relato mítico de Edipo y tal y como lo pronosticara el oráculo, el destino humano conduce irremisiblemente a una encrucijada. El niño, en pleno idilio sexual con su madre, comienza a percibir un día que la madre no le pertenece por completo, se da cuenta que su padre es un peligroso rival, y un tremendo ataque de celos e inseguridad se apoderan de su vida, hasta el punto de imaginar que debería deshacerse de su padre, y que si pudiera, le mataría. Pero tras chocar una y otra vez contra la realidad, la fantasía termina por desvanecerse, pues descubre que su padre así como el orden social establecido, de ningún modo le van a permitir satisfacer sus deseos. El desenlace si todo sale bien consiste en que su ego será derrotado, la energía que estaba bloqueada se proyectará fuera de casa, conseguirá su propia pareja y con ello se pondrá fin al conflicto. (Ésto es: El complejo de Edipo).
Se podría decir que hay dos pulsiones. Una de regresión: retornar a la madre, restablecer el lazo umbilical, y volver al útero. La otra de progresión: desechar la fantasía edípica, encontrar otro amor fuera del ámbito familiar, y conectarse con los adultos y el mundo exterior.
Si hemos madurado lo suficiente pudiera ser que nuestra sexualidad y relación con el mundo nos satisfagan completamente, pero lo más probable es que no sea así y que la problemática de la vida adulta nos traiga el recuerdo de similares angustias y tensiones que ya experimentamos durante la infancia. Por tanto, en el mundo adulto al igual que en el infantil, surgen las fantasías; esas construcciones mentales que mitigan la ansiedad de una realidad que nos atormenta, que no resuelven los problemas pero que los esbozan y les dan una salida provisional.
Todas las fantasías son lícitas pues nos pertenecen a nosotros exclusivamente, pero en caso de llevarlas a la práctica deben realizarse dentro del consentimiento, pues de lo contrario serían motivo de abuso y violación de la integridad ajena.
La vida es con frecuencia demasiado gris como para que además nos neguemos a jugar y fantasear. La realidad y el destino se han encargado de encorsetarnos en unos roles dignos de ser transgredidos y muy apropiados para ser ignorados. Debemos conocer de dónde venimos, pero para saber quiénes somos, debemos experimentar, descubrir y crear nuevas realidades. A la condición humana hay que contraponer la creatividad humana y a la energía vital del amor hay que desbloquearla y construirle grandes avenidas para que circule libremente. Debemos llegar a un acuerdo no sólo con los demás sino con nosotros mismos, y a partir de ahí, abrir el abanico de las ricas posibilidades que brinda la existencia. Que cada uno de nosotros sea el artífice de su realidad y su fantasía.
• Hetero, homo y bisexualismo. La heterosexual es la forma natural, aquella que está concebida para la consecución de la reproducción. La homosexual sería una variante que igualmente se da en el mundo animal, pero que es más propia del refinamiento y la capacidad de transgresión del comportamiento humano. Quiero dejar expresamente claro con respecto a la homosexualidad, que esa práctica no tiene nada de reprobable, ni es distinta de la heterosexual en cuanto a fantasía, y aprovecho la ocasión para denunciar la mentalidad retrógrada de los que todavía opinan que esa inclinación sexual supone un comportamiento anómalo. Además, para todos aquellos que persiguen el mayor entendimiento en la cama (lo que cada uno desea que le hagan para obtener el mayor placer posible), la homosexual es la práctica perfecta, pues nadie mejor que un compañero del mismo sexo para conocer tus resortes fisiológicos y mentales. Y por último la bisexual, a la que desde mi heterosexualidad envido profundamente, porque como dicen ellos: “Cuando me gusta una persona no me importa qué sexo tiene”.
• Necrofilia (sexo con los muertos). También sexo con personas inconscientes: drogados, dormidos en el quirófano, borrachos. (En la película "Viridiana" de Buñuel se toca el tema).
• Zoofilia y pedofilia (sexo con seres indefensos o más débiles). Hay una practica masculina concerniente a la gallina, a la cual tras penetrarla por la cloaca se le corta la cabeza, ya que con los espasmos de la muerte, éstos generan un masaje sobre el pene, lo que unido al aleteo y la sangre derramada conforman un escenario estremecedor. Hay otra zoofilia más light que como ocurre en el caso de la pedofilia, consiste en conseguir el objetivo sexual sin que la victima, debido a su inocencia, se de cuenta verdaderamente de lo que ocurre.
• Incesto, pariente prohibido, engaño del marido o la esposa (sexo que desafía el ordenamiento social o familiar)
• Violación, tortura y asesinato (desafío extremo del ordenamiento social y moral)
• Masturbación (sexo en solitario) En el afán de reproducir una vagina o un pene: sexo con vegetales, vibrador, muñeca hinchable.
• Sexo oral: El beso (oral), la felación y el cunnilingus (sexo oral-genital) el sesenta y nueve (lo mismo que los dos anteriores pero recíproco), el beso negro (sexo oral-anal). Boca, ano y genitales son zonas muy erógenas y la práctica se identifica con la acción de comer, devorar, devorarte.
• Prostitución (medio asequible aunque no completamente aceptado para llevar algunas fantasías sexuales a la práctica). Entre los miembros de "Los ángeles del infierno", está establecido la existencia de una mujer “madre” que debe estar siempre dispuesta a satisfacer sexualmente a cualquiera de los miembros que lo requieran.
• Potenciadores de la excitación y el placer sexual, como cubrirse la cabeza con una bolsa de plástico (se busca la asfixia, lo que conlleva una aceleración del ritmo cardíaco; práctica peligrosa que ha sido causa de muertes accidentales por llevar los efectos demasiado lejos). También drogas como el Viagra o el Éxtasis.
• Sado-masoquismo (infligir o recibir dolor y humillación). Lluvia dorada (que se meen sobre ti). Coprofagia (que se coman tus excrementos), en "Saló o los 120 días de Sodoma" de Pasolini se toca el tema (film enormemente desagradable, sólo recomendable para estómagos muy curtidos). Azotes en las nalgas (típico castigo infantil), golpes, gritos y todo tipo de vejaciones. También esclavos, secuestrados, maniatados, inmovilizados.
• Introducción de dedos por el recto (como la famosa secuencia de "El último tango en París). En extremo: introducción del puño y hasta parte del brazo. Y lo mismo para la vagina.
• Tríos y orgías (sexo entre múltiples personas). También intercambio de parejas.
• Voyeurismo, exhibicionismo, practicar sexo en sitios públicos, toqueteo en aglomeraciones.
• Travestismo (persona que se siente y adopta el rol del sexo contrario, llegando incluso a cambiarse el sexo quirúrgica y legalmente).
• Sexo con minusválidos (físicos o psíquicos).
• Fetichismo, uniformes.
• Coleccionismo (consideración de las personas como objetos a conquistar, unido al deseo de pensarse a uno mismo irresistible). También colección de fetiches (como pelos del pubis en "La escopeta nacional" de Berlanga).
• Sexo con personas inalcanzables (por diferencia de edad, estatus social u otros motivos).
• Órganos descomunales, penes o pechos muy grandes. También personas muy gordas.
• Sexo con embarazadas, mujeres dando de mamar, masturbación masculina con los pechos de la mujer.
• Sexo con personas de otras razas, etnias, o culturas (uno de los motivos del turismo sexual).
• Sexo Tántrico y Kamasutra (refinamiento y mística oriental). Me interesa sobre todo el Tántrico, cuyo planteamiento consiste en hacer el amor sin buscar el orgasmo, con el objetivo de mantener la unión prolongadamente mientras se entra en profunda meditación. Aunque el Kamasutra con sus mil posiciones, es un colorido catálogo de las imágenes y figuras que genera el cuerpo.
Un diálogo de El último tango en París
— Escucha,... quiero que nos miremos uno al otro... si.
— Es bonito no saber nada el uno del otro.
— Si.
— Tú no tienes nombre y yo tampoco tengo nombre. No hay nombres. Aquí no tenemos nombre.
— ¿Estás loco?
— Es posible que lo esté pero no quiero saber nada de ti. No quiero saber donde vives, ni de donde eres. No quiero saber absolutamente nada de nada. ¿Me has comprendido?
— Me asustas.
— Nada. Tú y yo nos encontraremos aquí sin saber nada de lo que nos ocurra fuera, ¿de acuerdo?
— Pero, ¿por qué?
— Pues porque…aquí no hace falta saber nombres, no es necesario. ¿No lo comprendes? —Venimos a olvidar, a olvidar todas las cosas, absolutamente todas. Olvidaremos a las personas, lo que sabemos, todo lo que hemos hecho. Vamos a olvidar donde vivimos, olvidarlo todo.
— Yo no podré, ¿tú si?
— No lo se. ¿Tienes miedo?
— No.
Imágenes y video: El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972), con música de Gato Barbieri (en el video actuación en directo).
The John Lennon and Yoko Ono photograph by Annie Leibovitz
En nuestra modernidad nos hemos ido liberando de algunos viejos prejuicios sexuales de tal forma que hoy se aceptan ciertos supuestos que en el pasado hubieran sido considerados indecorosos o escandalosos. Se podría decir que hemos llegado a un consenso (al menos intelectual) de cómo debería ser la práctica sexual para que ésta se considere legal o moralmente aceptable:
Debe realizarse entre adultos o entre adolescentes
(pero no entre un adulto y un menor)
dentro del consentimiento mutuo y en la intimidad.
A este precepto escaparía por motivos algo misteriosos (seguramente hipócritas) el ejercicio de la prostitución, de tal manera que el negocio sexual debe manejarse dentro del fraude fiscal, la proliferación de mafias y la corrupción política.
En cuanto a la exhibición pública de la desnudez de nuestro cuerpo existen reglas algo más difusas de hasta dónde está, o no, permitido enseñarlo, y según en qué sitios. Nuestra sociedad además, se siente escandalizada de que haya otras culturas donde se exige el rostro cubierto de la mujer, y puesto que muchos de esos ciudadanos conviven con nosotros, también se podrían poner limitaciones a lo que se puede o no ocultar, como es el caso del debate en torno a si se debe prohibir el velo islámico.
Y digo todo esto porque lo que realmente quería era poneros el video de Fernando Arrabal “Mi idolatrada felatriz”, una poesía que bordea lo moralmente aceptable al ponernos delante de una exhaustiva reflexión sobre la felación. No creo que escandalice demasiado, pero sí que es original y a mí me resulta incluso bello (puede que sea porque me cae bien Arrabal).