domingo, 13 de julio de 2014

Ciencia y religión


No sabemos gran cosa de los animales. Hemos llegado a comprender que son inteligentes y que incluso algunos tienen un idioma con el que son capaces de comunicarse. Los instrumentos de los que se valen para expresarse son a veces una simple variación en el tono y cadencia de sus gritos, otras, determinadas danzas en el aire o feromonas por los suelos.


Sabemos también que son capaces de reservar ciertos espacios a los cementerios como le ocurre al elefante. Pero lo que ningún animal sabe hacer es avanzar estrepitosamente en sus habilidades técnicas o de comprensión de su entorno. Es decir: solo el hombre es un animal científico.

Gracias a la ciencia y desde el principio de los tiempos humanos, los hombres han sabido elaborar armas para atacar o defenderse de sus enemigos o presas. La evolución de esas armas ha sido tan exitosa como vertiginosa. La religión, sin embargo, que es un sentimiento íntimo y reflexivo sobre lo que está bien o lo que está mal y al cual hemos sabido poner palabras, en más de dos mil años apenas ha sabido variar sus postulados y todavía sigue enunciando: No matarás.




Foto: Louise Docker - Lift Off- Best Viewed Large